Hay sentido de cobardía en la mentira de este mensaje.
Salir a la existencia y descubrirlo sería dejar del otro lado toda
ambición de callar o de ser honestos. En este artificio vivimos. Se
define vivir: dudar de sí mismo, donde la huella
es abuso de lo creado. Donde se pierde el poeta. Dónde
se pierde el poeta. Se pierde, se demora en esta necesidad de vuelo.
De sed. En sed. De vuelo.
Lenguaje
agua
en la memoria;
sexualidad que puede vivirse como nada.
Ser otra parte,
parte de otro. Humedad de otro
en sí.
Buscándose en ese charco
se nace. Nace
asombro íntimo;
gotera nace
gotera
gotera
gotera
hace
hueco
en piel.
En exceso
hasta el amor
como argumento de miedo,
como miedo de abandono
en la plegaria.
Hasta el amor
poema de dios;
maldición
que hará sanar
sangrar, digo
sangrar
lo que no hace.
Podríamos mimetizarnos en un rezo y a cambio buscar la salvación;
como alas, como instinto, como sudor tiernamente sudor.
Pedir hasta sangrar no sería justo, y lo que en verdad queda en el
poeta, no es una brecha sino la noche salvando un animal. La noche
lamiendo su corazón; aunque esa hendidura cierre de ausencias su
memoria.
Reparar al poeta disperso
en tibio engaño fuera de sí
en recortes
componerlo. Ordenar ese espejismo
crear amnesia sobre lo roto.
(Se procura, en este caso,
juntar cada una de sus partes
quemar ese lenguaje
ni en sueños
llevarlo a casa).
Ni hablar. Ya conocemos la sonrisa del que no escribe y del que no estalla.
Hay una mentira genuina que nos hace creer que cualquiera
puede decidir quien se entrega. Quien dispersa. Y quién. Si todo
lo construye la palabra, nada hay que arreglar acá. No hace falta
que nadie junte nuestras promesas ni la del prójimo. Ni al prójimo.
Que haríamos entonces con ese miedo roto. O con éste. Dónde llevaríamos
los poetas el engaño de ser. Leales. Limpios.
Hasta acá la sonrisa
la paloma.
La partida en manos
como alas.
El poema y su celda;
ternura menos
menos vuelo.
Vale maldecir
la noche
en artificio de palabras.
Maldecir. El poeta.
Todoscuro.
Como nada.
Nada hay. En él. Nada.
Porque nada lleva nombre
porque no pertenece a nadie.
Oculta.
No a salvo. La hembra; su propio hueco.
Oscuro. Maldita. Oculto
el poema, el poeta
la vagina;
No.
Su memoria. Nunca.
Nuestros “no” poemas. Aquellos que no fueron nunca; ni aquí,
ni debajo de la piel.
Creamos la facilidad de amar lo que no somos. Lo que no hemos
sido. Lo que no seremos en nosotros, ni en otro.
Su sueño. Sueño de ser. De ser sueño. De soñar el sueño de otro.
Por un erotismo exacto y colmado de incoherencias hacemos de la
única verdad la esperanza.
Desde esa mirada ilusa, los poetas, guardamos de a ratos, la certeza
de creer.
Calar el pecho. Inducir el poema.
No su lengua.
Excitación. Mirada a lo cierto.
Desnuda. Se desnuda
abre
justo
cuando toda servidumbre duerme
dentro de la llorona inválida.
Justo
cuando nadie quiere cerrar
dios que olvida que es
dios
que es
poema
poema
cerrojos.
Arrojamos el corazón al abismo de toda esperanza. Ella, como
nosotros, tiene su propia historia. Necesitamos de su luz.
No su reflejo. Reflejo: tierna distancia entre la carne y el
deseo, entre la sonrisa y su personaje oculto.
No su argumento. Su luz necesitamos. No su pregunta. Pregunta
el poema. Pregunta, y se parece mucho a la lengua.
Sería justo el abandono
la abertura
el golpe del azar.
Quedar ciego en el lenguaje
sería justo.
La sombra es granizo en verano
y sobra casi todo.
Hasta el idioma deja sobras
(no son migas de pan o cáscaras de papas).
Hay un tajo en cada poema;
en él, también sobra muerte.
Es evasión la fatalidad del poeta; no su ausencia. Nunca nos fue
dada la palabra (“tanvivir”) tan rosa, tan acaramelada. La verdad
oculta está en el verso, en la esperanza de nuestras obsesiones.
Desde nosotros y hasta el fondo. Desde el fondo hasta el nacer
en uno mismo, existen vuelos sin escalofríos ni correcciones; otra
forma astuta del poeta para no desnudarse nunca.
Duele toda pregunta
como tormenta de arena
encima noche arrastra
noche
arrastra
única forma de omitir.
El desierto
en los ojos.
Son tantas las preguntas de los ciegos, que ahogan todo intento.
Este tipo de preguntas no deberían responderse; para que ese silencio
quede como incertidumbre; para ubicarlas de alguna manera al
filo del desamparo.
Tal vez, poeta, ni siquiera deberíamos nombrarlas; dejar sólo una
pérdida que señale el camino por el que pasaron.
Además, se sabe, hay respuestas que no deberían devolverse.
Cavar una fosa para quedar al borde.
Pájaro que ahueca alas
que hace de su jaula un espejo
al fondo
palabra que lleva abismo
salto
vuelo
al fondo. Fondo.
A fondo.
Parte de cada poeta es humedad; el vuelo, sin respiro.
Brillo de lo que sentimos, brillo de ser al sol, de recibir el mediodía
ciego.
(Lo que no queda en su lugar, es esta secuencia de aleteos y naufragios.
Este nacer donde no queremos morir. Donde el silencio sigue
siendo vaticinio exacto. Donde, como pájaros sin cielo, dejamos
temblar una misma sangre).
Dentro de cada luz
debajo de cada sombra
vive este animal: poema.
Hueso.
Instintos.
Espejo que se desconoce
muerde.
Babea.
La palabra nace en vida.
No en su voz.
Su certeza
dice -habrá que esperar la tibieza del poeta;
su sueño. Su casi nada.
Entreabierto el instante abre. Abre ternura. Luz
abre;
traición
antes de tiempo.
Que nazca del poeta. Su esperanza. Que lo arrope en la noche.
No en sombras. En esencia de ser tibieza nueva. Palabras.
Preguntas. Dudas como lejanía del lenguaje. Como el grito y su
espalda cargando un absurdo: él mismo.
Posible ternura del corazón entre ruinas. Ver o vernos. Así. Esperanza
de ser. De caer. De nacer. Poeta. A la luz. De espaldas
al sol.
Queda lo que queda.
Lo que sobra
queda.
Memoria de haber caído
en la soledad
como único signo
que la costumbre
no agobia.
Cada uno recibe la propia imagen, y su carencia.
Damos el poema que no queremos amontonar, el que nos deja la
mismísima convivencia de la soledad. Creemos haber vivido detrás
de esa criatura; de su tajo y su centro.
Creemos hacer de su silencio una página donde dejar la voz como
palabra oculta. Como forma de callar. De guardar el quejido. Es
decir; tragamos ese lenguaje como saliva.
Se pide siempre
como se reza
por un poema
por un olvido se pide.
Bendición de pocos
creer que dios
tiene memoria
no imposibilidad.
El dios que abandona su flor o su lenguaje hace de la ausencia una
conducta. El escalofrío será su propia cercanía; su luz a contraluz
de una irrealidad exacta.
(Calmemos la fe o desnudemos toda plegaria).
El secreto está en el poeta, en la certeza de saber que nadie le señala
su margen de error. Nadie, sobre el desorden de lo que está escrito
se anima a revelar una verdad de mariposa.
Porque amontona sobras de mí
una encima de otra
una enzima
de otra
encima
es obstinado el tiempo (intuyo).
Imprudente.
De su naturaleza marginal
nace la palabra.
Su prisión
dará pan
a mi lenguaje.
Todo poema penetra de forma incorrecta.
Miedo le tenemos a su tiempo entrecortado o la sombra del propio
ritmo. Será que el exceso estremece al hombre según su lenguaje.
No su voz. Lenguaje como única manera de omitir.
Pasan así, palabras como insatisfacción. Palabras que llegan antes
que nosotros, que saben que no sabemos. Que, como el tiempo, en su
imprudencia, soportan al poeta y su mentira.
Hasta aquí el amor poeta. Una vez hecho se pierde, se le cae a uno
como cae todo remanente sobre sí mismo.
Esto es el mundo: abrir una puerta, tocar un perro, pasear un
chico. Hasta aquí es el comienzo por lo roto. Digamos, lo que
reconstruye cada poeta en su astucia, no es un exceso . Es lo
perdido ( lo que se sabe, no volverá nunca).
Cada reflejo reconstruye lo profundo de sí; el erotismo primitivo, el
sueño y su abertura.
Un niño hecho de voces, de sombra escarcha.
De susurros en melodía helada. Arrullos no. No canciones de
cuna.
En violencia de la noche el poeta pierde a ese niño; lo fisura lo
traiciona.
Lo que salva el deseo de amar es la sed de ese sueño. Repetir lo que
nunca dijimos. Callarnos. Abrir palabra en lo escrito. Sacar las
vendas, al aire la herida.
Después, dejaremos que sane,
como pueda, por ese silencio.
Carguemos flores no promesas. Humedad
exacta. Así.
Crecen sueños a media sombra.
A nuevo día. Se entrega todo.
Para drenar
adentro
todo.
Así. Como pocos de poca memoria
se nace. Al poema. De nuevo.
A la incapacidad.
Se dice.
De nuevo. El poema;
su mentira.
Deberíamos haber creído
como pocos
en la lengua de los ciegos.
Arrastrar un abrigo
como desamparo.
Como pincel
en furia negra
como poema
hacia su sombra.
Esa sombra
que nunca debe moverse
para que la noche
no se lastime.
Cada nueva presencia es algo brutal; un aviso de lo que vamos a
perder. Necesidad de ir. No escapar. Abrir o abrirse. Penetrar
palabra en la palabra.
Hacer de la soledad un hueco para dormir en él, para que miles de
pasos caminen la lentitud de la noche, y su pintura de fondo.
Qué color podría nacer de la huella que queda. Qué, de la hendidura.
No junta sed la madrugada en esa pieza
de dos por dos.
Hay una mujer ahí.
Hay frases. Abortos.
Una obra. Una mujer ahí. Desnuda
(hermetismo de piernas finas).
- Que me rompa el sol, se oye,
no sea cosa la mañana me sorprenda
entera.
A veces, lo ajeno parece tan propio que hacemos de su latido nuestra
necesidad de luz. Del abuso, la esperanza.
Viene noche en diluvio
relámpago
en su voz viene,
viene
poema;
reflejo
que vuelve
insiste
vuelve
y sana
intemperies del mundo.
Ya conocemos la oscuridad del que no recibe, conocemos la piel que
decimos ajena y desvirgamos como nuestra.
Entonces, no puede extrañarnos que el lenguaje recupere lo que debería
haber muerto; si afuera, se agitan igual rumores de sed o el
brillo de algún deseo malicioso.
La intemperie, como todo poema, seguirá siendo la esperanza o la
razón por la que los álamos iluminan la noche.
Liviano esqueleto en la brisa
dispuesto a caer
poeta.
Objeto de sed de soga
en pájaro
en bares como huecos como rocas poeta
niño envuelto mudo en sombra poeta
puño poeta
puño piedra
papel
tijera poeta
liviano esqueleto forma injusta
de perderlo todo
en la lengua.
Quebrar el poema. No transgredirlo.
Lo roto
es cotidiano.
De a pedazos; dios
arma
esperanza.
La sombra le abrirá
su sola sombra
la sobra, digo;
será su luz.