Presentación de José Felix Cobos Amo del libro Pepe Pinto o la Tradición Cantaora

Querido Antonio: Queridos Amigos: Buenas tardes para unos, buenos días para otros. Bienvenidos.

Cuando hace ya algún tiempo recibí la invitación para presentar éste libro, acepté no sin reparos. No tengo espíritu de orador, ni influencia sobre el criterio de nadie. Uno siempre piensa que estas cosas sólo les suceden a los demás. Por mi profesión manejo mejor los números que las letras, exceptuando las de cambio. Más me valdría analizar un balance que un libro sobre flamenco. Por lo tanto no se como resolveré todo esto, mis facultades para exponer mis impresiones son escasas.

No obstante no deja de ser gratificante ésta ocasión que ahora emprendo por dos motivos fundamentales. Primero por la talla intelectual de Antonio y segundo por la rigurosidad del libro que se presenta. Sea como fuere, y es lo más importante para mí, lo tomo como un testimonio de su entrañable amistad, en ningún caso como una formalidad.

No puse condición alguna para hacer ésta presentación, sí le advertí que pusiera en conocimiento de todos Vdes. que la misma correría a mi cargo. Admiro su valentía y paciencia. En cualquier caso sólo vengo a recomendarles éste libro. Agradezcan mi brevedad.

Siempre es grato reunirse en ésta casa, y más por la publicación de un nuevo libro suyo. Casa, que gracias a su anhelo, se convierte en plaza abierta y receptora del conocimiento y de la amistad. Casa de cultura y casa de fraternidad. Aquí se viene a hablar de libros y a compartir afectos. Es lo que más le gusta. A nosotros también.

Antonio, como todos bien sabéis, no es sólo parte de mi familia, si no que mucho antes de esto ya nos unía el poderoso vínculo de la amistad, valor con el que todavía me honro. Puedo por lo tanto decir, y él lo adivina, que conozco bien su temperamento. Nuestra amistad, que nace, pero que sobre todo se hace en la ya lejana infancia, no se ha mantenido intacta desde entonces, sino que con el paso del tiempo se ha ido haciendo más intensa. Yo creo que entre nosotros hay algo personal. Sin duda alguna todo esto me ha permitido percibir su trayectoria de una manera más cercana, más íntima. Más intuitiva pero también más reflexiva.

Manuel Gahete lo define a la perfección cuando dice de él que es “un bohemio de capa y espada y a la vez un severo actor de comedia eterna capaz de conmover con el espasmo de su risa”. Sólo cabe añadir que nos admiramos también de su noble generosidad, su sincera hospitalidad y su clara lealtad. Todo ello dilatado con su genuina espontaneidad. Lo que nunca ha sido impedimento para que en cualquier tribuna que haya subido, reivindicar su compromiso con los olvidos, infamias o injusticias que él considere oportunos. Éste libro es buen ejemplo de ello. También para elogiar, en su caso, el apego que siente por su tierra y sus paisanos. Antonio, aparenta lo que es y es lo que aparenta. Por eso estamos con él.

Para muchos de los que nos encontramos aquí ya va siendo habitual ésta cita periódica en su casa, prueba de que una publicación suya ha sido editada. Prueba también de su tenaz labor creadora, donde nuevamente nos hace partícipes de su íntima necesidad de escribir, y de escribir bien. De su compulsivo amor por la literatura. Pero no una literatura de exclusividad, amparada en unos cánones establecidos, sino de sinceridad, de entrega total. Porque la sinceridad, la franqueza literaria, la responsabilidad, son conceptos presentes en cada uno de sus textos. Lo que lo convierte, a pesar de su disimulada abstracción, no sólo en un hombre de pensamiento, que sin duda lo es, si no en uno de combativa entrega y desafío total, de lealtad y de compromiso moral. Pero en ningún caso en un intelectual hermético. Un escritor de sugestiva evocación, pero también, aunque a él no le guste, de coherente vocación. No de profesión, pero si de consagrado oficio. Cosa que viene demostrando en los prolijos trabajos realizados sobre todo de poco tiempo a ésta parte. Prueba de ello son los diversos premios con los que ha sido galardonado.

Hablo de poesía, porque Antonio es ante todo poeta, donde cada palabra suya habla por si misma, plena de efectos expresivos muy calculados. Con ésa especial musicalidad que él sabe imprimirle a cada verso. La ética en la estética, “esa función de sinceridad”, como decía su amigo Vicente Núñez, y al que a él tanto le gusta referirse. “El poeta, la persona y el maestro”, como se deleita en llamarlo. Hablo también de ensayo e investigación, con esa maestría incomparable de la técnica culta; de sus audaces y certeros artículos de prensa; de novela ahora también, la precisión y la medida, donde se nos muestra con ése íntimo malestar, ese dolor de vivir, el amor y la muerte en definitiva. “No se vive si se ama, y si no se ama no se vive”, nos dice. El paso del tiempo, siempre a destiempo.¿ No es perverso el intento de oponerse a la fugacidad de la vida? Por no citar su admirable labor de orador, pregonero o ateneísta. También fugaz ilustrador.

Antonio tiene esa rara cualidad de hacernos ver las cosas con un rigor y exactitud admirables. Dándonos la sensación de que lo leído pudiera haber sido escrito, o por lo menos presentido, por nosotros mismos, independientemente de que compartamos o no su criterio. Dicho de otra forma, como si fuera él el que nos leyera nuestro interior. Con toda seguridad se debe a su dominio de la perspectiva. Azorín dice que el estilo es escribir de tal modo que quien lea piense “esto lo hago yo”, y que sin embargo no pueda hacer eso tan sencillo. Esa percepción también de que, cualquier otra forma de escribir no es la atinada. Puede que no esté en posesión de la verdad, pero si de la certeza. La palabra y la idea adecuadas en el momento oportuno. Nada sobra pero tampoco falta nada. Apenas hay sitio para la improvisación y ello nos hace sentir un sano estremecimiento que nos recorre de arriba abajo y de dentro a fuera.

Como siempre, y Vdes. ya lo saben, su cuidadosa inquietud intelectual está perfectamente reflejada en cada trabajo realizado, cosa que podrán comprobar con la lectura del libro. Me estoy refiriendo a esa incansable labor de investigación tan eficazmente manejada, esos pequeños pero imprescindibles detalles que revelan su capacidad de observación, su facultad para ver, retener y luego transmitir. Siendo todo el trasfondo de su pensamiento, lo que mejor resuma su trayectoria vital y literaria, aquel donde profundiza en el sentido que cada hombre tiene que dar a su propia vida. Como dice Blaisten, “ A lo mejor escribir no sea más que una de las formas de organizar la locura”.El horror vacui siempre presente. “To pa na”, dice él. Se que Antonio con su campechana alegría no persigue la felicidad, como mucho para él es un concepto o quizá un camino incierto con un destino desconocido, donde nuestros únicos acompañantes son el amor y el tiempo. Pero como dice Goytisolo Luis, no es pesimista afirmar que llueve cuando está lloviendo.


Por todos es bien conocido su entusiasmo por el flamenco. Es sin duda la persona adecuada, por su condición de aficionado y escritor, para tratar éste tema. Sus merecimientos son sobrados. Él mismo lo apunta cuando dice “Pero donde está el punto clave es precisamente en que el cante flamenco se hace con literatura. Son las letras flamencas un vasto mundo que se ha alimentado tanto del acervo popular de las letras, que improvisadas o no, aportaban los propios cantaores o de lo que se puede entender como poesía culta”.

Me atrevería a decir que, como en la profesión que ejerce, el nombre dado a su hijo o su devoción por el Real Madrid, ésta predisposición al flamenco, y sin lugar a dudas al cante de Pepe Pinto, se deba también a la entrañable admiración que siente por su padre, un tributo a su memoria, un gran aficionado. No es gratuito que sea una de las justificaciones del libro. Él mismo lo rememora en su pregón de la Fiesta de la Vendimia cuando dice de él: “Aún recuerdo con que orgullo y sencillez enseñaba la bodega y copeaba, intercalando en ocasión propicia algún cante amarchenado o por El Malagueño o Pepe Pinto”.Existe abundante testimonio gráfico, o sea fotos, de que por su casa, ésta casa, pasaron renombrados artistas de la época, convertidos con el tiempo en amigos de la familia. En cualquier caso esto es lo que menos debe importarnos. Sí es importante que el flamenco haya sido uno de los temas que desde siempre le hayan apasionado.

Por ello tenemos la gran suerte de poder disfrutar desde hoy con la lectura del libro que ahora se presenta “ Pepe Pinto La Tradición Cantaora”. Que corresponde a la conferencia dictada en la Peña Flamenca de Córdoba el 5 de Noviembre de 2003, año del centenario de su nacimiento. Título, por cierto, que nos recuerda a la reseña que le hizo al poeta Manuel Rámila por su libro Cristal Roto.

No pretendo detenerme en describir el libro con detalle, sólo valorar su totalidad y dar algunas claves que lo caracterizan. No es un tratado elitista destinado sólo a eruditos y profesionales, sino que está pensado para toda persona que desee acercarse a este cantaor, desde una perspectiva humana y flamenca evitándose toda terminología que dificulte su lectura. El libro es todo un ejercicio literario sereno pero valiente, donde se nos invita no sólo a conocer la personalidad de éste cantaor, sino sobre todo a redimir la hondura de su cante.

En su introducción Antonio nos advierte ya del carácter reivindicativo del texto, no sólo por la “cuestión meramente personal” por la influencia recibida de su padre, como he señalado anteriormente, sino también por la sensibilidad de su cante, y por la nostalgia y la ausencia de lo perdido.

Hombre de mucha simpatía y generosidad, de Pepe Pinto se decía que tenía dos pasiones, el flamenco y su mujer, (La Niña los Peines). Juanito Valderrama dijo de ellos que eran Romeo y Julieta versión flamenca. Cuenta Niño Ricardo, y así se recoge en el libro, que era un hombre bueno, nervioso, afectivo; un hombre que a casi todo el mundo le regalaba un reloj, un cante y un consejo.

Poseía una gran voz y una profunda sabiduría, no sólo de los cantes sevillanos y trianeros, sino también de los de Cádiz, Málaga o Jerez. Coincidió con la época llamada Teatral del Flamenco, no en vano es referente junto a Chacón, Caracol, su cuñado Tomás, Marchena, y tantos otros. Aunque buen conocedor de todos los palos, optó por el operismo flamenco, lo que hoy se podría llamar fusión. No quiero decir que fuera un cantaor a medio gas ni que cambiara las cosas de tono ni de sitio. Mucho menos que fuera un peón de brega. Pero en aquellos difíciles años para el flamenco, sobre todo a partir del Concurso del Cante Jondo de 1.922, es lo que dejaba dinero y lo que requería el público. Sólo unos pocos, como Tomás Pavón o Aurelio Sellé se refugiaron en fiestas privadas. Otros, Niña de los Peines, Caracol, Manuel Vallejo, aún cantando al viejo estilo, se adaptaron a los nuevos gustos. Ya había pasado algún tiempo del declive de los Cafés Cantante. ¿Quién con cierta edad no recuerda esos lejanos días donde con obstinada frecuencia sonaba su voz en todas las estaciones de radio?.


No obstante poseía unas extraordinarias cualidades para interpretar otros cantes, a los cuales les daba esa sensibilidad tan característica en él como su personal falsete. De amplio repertorio, la mayoría propio, compaginó la interpretación de los cantes básicos con sus inconfundibles fandangos. Así para Romualdo Molina es uno de los mejores intérpretes de bulerías por soleá. Dominando cantes como la petenera, la guajira, la serrana o la caña. Destaca la profundidad de sus tientos. Siendo el más autorizado cantaor por malagueñas, según Ricardo Molina y Antonio Mairena.

El contenido está dispuesto en cuatro apartados. Introducción: donde se nos hace un conciso recorrido biográfico del personaje y su vínculo con la tradición cantaora sevillana. Ópera Flamenca: Su adhesión a la misma y lo que significó en el flamenco. Su Cante: Una reflexión sobre la influencia recibida de sus cuñados los Pavones y sus cualidades en la interpretación de los cantes serios. Remate: donde nos induce a olvidar lo prejuicios que sobre Pepe Pinto han existido y existen.

Todo redactado con el rigor y seriedad característicos al que nos tiene acostumbrados Antonio, haciendo un uso del lenguaje directo y objetivo pero también emotivo. Ésto lo consigue con una claridad formal y semántica lejos de cualquier malabarismo pedante. El uso que hace de las comillas no es la excusa recurrente sino el aval necesario que justifica cuanto en el libro se dice. Pero sobre todo, y quizá sea lo más destacable ya que facilita mucho su lectura, es que está escrito a máquina, todo un privilegio que nos dispensa Antonio, sabiendo la letra que tienen los médicos.

Al principio prometí brevedad, por eso es hora ya de finalizar ésta presentación antes de que ella acabe conmigo. No daré lugar a los tres avisos.

Terminar invitándoles a que lean el libro y hablen de él. De ésta forma contribuiremos, junto a cantaores de la talla de Luis de Córdoba o Enrique Morente, a recuperar algunos cantes e influencias de su amplísimo repertorio. Así lo hace Antonio, rescatando del pertinaz olvido a un cantaor que fue definido con rotundidad por el crítico Manuel Ríos Ruiz, como “Excelente y largo cantaor sevillano con gran donosura y mimbre de voz”.

Por mi parte nada más. A ti Antonio, “que toito te lo consiento, menos faltarle a mi mare” sólo te pido que no pierdas nunca el compás. Gracias por permitirnos nuevamente entrar en tu universo creador y compartir tu amistad. También a ti Elena, por esa encomiable labor que vienes realizando desde la Asociación Cultural Andrómina y por supuesto gracias a todos Vdes.

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