la noche en una flor de baobab
ángela mallén
CÓRDOBA ASOCIACIÓN CULTURAL ANDRÓMINA 2009
La elección de una palabra es como encontrar el lugar preciso del cuerpo que se quiere tocar con la lengua materna.
John Berger
Busco palabras como la luz que sube desde el frío de la noche al sonido azul de las palmeras.
Benjamín Prado
Las palabras sirven para deshacer lo que ocurre, para recuperar lo que has perdido. Pero las palabras jamás tomarán mi barbilla, ni rozarán mi espalda...
Elena Medel
Pon todo lo que eres en lo mínimo que hagas.
Fernando Pessoa
Abrid esa tumba: al fondo se ve el mar.
Vicente Huidobro
Hacerte un continente de palabra africana. Hacerme yo valiente. Y habitarlo por ti.
SOMBRAS. FLORES (Hipótesis nula)
Mi alma crece silenciosa hacia un lugar incierto.
Juan Carlos Mestre
La noche se hace selva en la pupila egipcia del leopardo. Una contráctil noche de frío y de calor: la noche de Eritrea y de Himalaya.
Crece mi flor de hielo en un campo de minas.
Una rosa quemada que enternezca tu sepultura blanca. Germánica amapola, cuya sombra neutralice las sombras. La noche se hace Congo en la pupila delta del leopardo.
Crece un narciso verde con piel de yacaré.
Y un iceberg gladiolo en el asfalto ardiendo.
Magnolias y caléndulas para las catacumbas. Rosas estalactitas.
Se alimentan las flores de esta noche / clausurada para el significado.
En la noche leopardo, mi palabra es la sombra
en flor; y su extensión,
una pampa con su ferrocarril.
Su estatura, la misma / de la noche mirando a los felinos hambientos boreales;
mirando como brota mi palabra, en las simas de Zaire,
como una margarita subterránea.
“Pasión” será su nombre de flor.
No pienso en otra cosa que en rugirla como piedra que quiere ser lanzada.
Ninguna flor es fácil para mí. Para mí que soy piedra. Yo, mineralizada
en seco ecosistema. Yo miméticamente bajo una cruzada de pedruscos.
Yo, que sólo conozco la violencia de una piedra comida por las flores.
Siempre quise llamarme Úrsula, llamarme Oliva, llamarme Isolda.
Echar raíz floral, ramas acústicas. Florecer en el oasis de un nombre.
Me llamo Úrsula. Escuchen el perfume de gaviota libertaria. Me llamo Enmanuela. Escuchen el calor en mi alma maculada.
Yo soy el leopardo que devora campanillas,
una sonoridad en la fragancia,
la palabra robada a las abejas.
Quiero una pasionaria en flor para mi boca. Para tu tumba.
Quiero engullir la advocación. Y desgarrar las ascuas,
lenguas de fuego, lumbre. Arde mi invernadero intestinal. Las fauces me chorrean heliotropos: chopo, quebranto, arrojo, monte, aguacero, rabia, papiro.
Guirnaldas en la voz para rugir / la compleja indulgencia
y para susurrar la exquisitez / de la incertidumbre.
Quiero morir mentando.
Perdura un crisantemo entre mis garras.
Crecen sombras de nardo a la luz del ciprés. Amargamente crecen.
Es la floricultura de la muerte. La fría arquitectura de la veracidad.
Enmanuela y su blanco paredón. Enmanuela con su linterna mágica. Un corazón de cal. La tiniebla alusiva de las flores semánticas.
El humo de millones de nombres incendiados.
Tu recuerdo es la sombra babilónica
en mi jardín nevado de Nepal.
Mitiga la minucia del jazmín / la políglota voz de los desiertos. Únicamente el lirio serena la fiereza / del nombre corazón.
Mi viaje más largo fue al Reino de los Muertos.
(La muerte es un estado de conciencia. Psiquismo. Transfusión. La gran conexión gélida).
Enmanuela escuchó la lluvia en alemán. Y la escarcha en la lengua
visigoda. Y la nieve al fundirse sobre un clavel de luto.
Enmanuela fue un ángel sin ego. Una azucena tiritando.
Una vez salió el sol. Pasó la borrasca igual que los disgustos. Nadie
miraba cuando los girasoles agitaron la cabeza como los deportistas
tras la ducha. Entonces imperó la sequedad del sur.
Retumbaba el nocturno de los ventiladores.
Mi esperanza es que despeje. Que se oiga el pensamiento de mi madre. Que se haga la luz junto a una maceta de geranios.
Mis dedos de Úrsula no olvidarán la última caricia a su cabello
revuelto y marginal, como la hierba seca en los arcenes, como un nido de avispas en un fresno.
Mis labios de Oliva no olvidarán el beso en unos ojos que nunca se abrirán para mirarme desde una madreperla, desde la panza de una medusa azul, desde los límites de su necesidad, desde un tiempo que hay al margen de la ley, desde la noche de las mezclas, desde el fondo de una laguna.
Esta noche de antílopes furtivos, Oliva ya es mi nombre: así se llama el fruto de los campos,
así el silencio blanco de las flores de loto y baobab.
También me llamo Isolda, para cantar un aria de Tristana. También me llamo Úrsula: el ave que ensombrece
con su vuelo a un nenúfar. Y Enmanuela,
el nombre de un felino que solloza deshecho en el eclipse de la jungla.
Con mis labios de Oliva, yo te arrullo:
déjame que te quiera como tú me enseñaste,
con ternura y con temeridad. Como un galán de noche. Como la belladona. Como una violeta pilotando una piedra arrojada.
(la noche comenzó en agosto)
ROJO VERSUS AZUL (Premisa Uno)
Ojo abierto bajo piedra,
fijo en veta de pirita;
loco, verde y avizor. Un gran ojo vidrioso junto a los escorpiones. Vehemente panorama.
Colorada es esta tierra
si le talas un olivo.
Rojo torso recién decapitado.
Rojo es estar despierto bajo sol.
Una roja llamarada.
MANTO Y PIÑONES
(Axioma Primero)
Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas.
Miguel Hernández
Madre Tierra calcula. Mide. Pesa. Dispone los elementos:
Ortosa, mica, cuarzo. Arenisca vulgar. Polvo y polvo.
Un caballo lo muerde, camino de Carmona.
Toro bruno lo embiste, detrás de una chumbera.
Azufre y feldespato. Hilazas de sulfuro.
Abonos y productos contra el fiero pulgón.
El olivo y la piel de una culebra. Un hombre vareándolo. Calada boina negra. Mujeres recogiendo aceitunas gordales.
Niña mira el pañuelo que cubre sus cabezas.
Antracita. Hulla. Turba.
Humus, grisú, follaje,
cortezas descompuestas.
Semillero en sustrato universal. Terrones que enraízan los esquejes. Canalillo de barro: una acequia de llanto.
La granada que arroja el pino piñonero.
Oscura tierra lecho. Cuna.Tumba en basalto.
El manto de la tierra se oscurece cuando lo sobrevuelan las rapaces.
PIEDRA (Axioma Segundo)
El mundo es una piedra. Aunque vuele. Una piedra lanzada. El universo en guerra. Una ofensiva pétrea.
Bajo roca es mi hábitat. Mi cueva siempre ajena.
Junto a lombrices, bulbos. Trufas, escarabajos.
Nunmolities.
Con huesos de tartesios, fenicios, numantinos.
Y tesoros escondidos a patadas.
Hablo con el cadáver de una cariátide,
con el fósil del último bebé de pterodáptilo, con la estrella enterrada a cien mil años luz.
He salvado a un cometa de caer a una zanja.
Cenaré con la reina de las hormigas rojas. Arrullo las cabezas de avestruz.
Me baño en la corriente añil de los espíritus.
Recolecto palmitos con el topo.
El mundo es una piedra lanzada contra el sol. Mantengo un ojo abierto con los escorpiones.
AZUL VERSUS ROJO (Axioma Tercero)
Ojo atento en la tierra. Triste y loco.
Con su lágrima sacia la sed escorpión.
Pedregoso recuerdo. La voluntad es pieza de calcita. El gran ojo vidente no se rinde.
Granate es esta tierra si le talas su olivo. Tan roja como un busto sin cabeza. Rojo es abrir los ojos bajo el sol.
(Fogonazo brutal).
Recuerdo y resistencia pasiva en este entorno donde apenas si llueve.
El fantasma es más húmedo que humano.
Más azul.
Unos tienen las cosas y otros cazan fantasmas: la alquimia de la esencia, su sensibilidad. A mí no me interroguen.
La multiplicación de las carencias resulta un excedente.
Tal vez la recompensa sea la intensidad.
Solamente tal vez.
Esta tierra es más roja que Marte y Arizona.
Los fantasmas la pintan con el mar,
la pintan color Grecia y color de Turquía.
El leopardo aguarda junto al escorpión.
(noche seguía siendo en septiembre)
otoño
VACUUM (Proposición Primera)
Crecen flores de hielo en un campo encendido.
Yo soy la famosa perdedora. La que siempre elige la opción B. La
sacerdotisa de las alcantarillas. La que nunca pondrá un pie en Nueva York. La factotum. La desglamourada. La antireinona. Soy la que abunda.
A mi paso los ojos se desactivan. Tengo suerte. Porque ser mirado es
ser acertado. Mirar es derrumbar.
Duermo con el vacío en un tálamo nupcial. (Mi cama hecha con
pétalos de las flores carnívoras).
Sueño con un tráiler viajando por las pistas del sur.
Emite desbocadas señales turbo-diésel.
Su carga es de algodón de azúcar para la feria de las vanidades.
Ni los muertos ni yo seremos transgresores. Somos los transversales.
Existimos en diagonal. Cultura, ideología: todo lo franqueamos. Por todo nos filtramos. En los posos nos reconocemos. En las cuevas de extraños.
Que nadie nos mire. Ni a ellos ni a mí. Ser mirado es ser imantado.
Compartimos dones y condenas. Captamos tránsitos. Olemos cambios. Nos entristecemos antes. Nos esperanzamos antes.
Que nadie nos observe. Porque ser mirado es ser recogido. Mirar es cortar.
Cierra los ojos ya. No ver es oler.
(Crecen flores de hielo bajo un cielo incendiado).
CANÍBAL (Inferencia Primera)
Nadie me dijo nunca que el corazón es afro. Ni tú tampoco. Caníbal corazón, damnificado y virgen.
Los pájaros del agua, peces en desbandada,
dinastías de momias podridas en pirámides,
una tribu de nómadas, hechizos ancestrales,
arena y más arena. Comercio de oro y seda, diamantes y especias.
Nítida halografía de tu fata-morgana.
Nadie me dijo nunca que el corazón es afro.
Ni tú tampoco.
Criado el corazón en manadas y plagas.
Después desamparada pantera en la sabana,
y un beduino errante del alma del desierto,
y una jirafa cósmica. Bacteria “corazón” en la sequoia,
en su tiempo de anillos.
Estrago de langostas. Estampida salvaje.
Nadie me dijo nunca que clama y clama África, ruge, berrea, brama, por los hijos lanzados a otros continentes.
¿Cuánto piensas morirte? ¿A qué profundidad?
Nadie me dijo nunca que le aúlla corazón a la hiena con fiereza. Tú, tampoco.
Corazón africano. Tam-tam. Tam-tam.
UNA ES TRES (Metateoría)
Creo haber sido tres, y con eso habré de ir tirando.
Jugué triple partida. Fui un tercio y un trío:
algarrobo que vivía a la sombra de un mosquito,
lagartija que soñaba con cantar variedades
y la piedra disparada contra el ojo del cíclope. Ya ni me acuerdo. Tres.
De ser, soy de secano;
de escalar y erosionar. Crecen dentro de mí cerros a la solana. Atalaya esmeralda. Pinar mediterráneo con un fondo de encinas y moreras. Mi lobo se aparea con mi pavo real.
¿Qué se ha tragado a qué? ¿Algarrobo al mosquito? ¿Salamanquesa al cíclope?
Soy tres dentro, dentro y dentro. Triple salto mortal.
Mi piel es de cal viva y palo dulce.
Acaricio la carne sin edad de los astros
y la espuma de la ola que se aleja.
Soy tres por tres y aún
queda tiempo de seguir escarbando.
Tiempo cronometrado. Disciplina severa. Un instante bailaron los barcos de alta mar
con la luna detenida en los delfines.
Barco, delfín y luna. Tres.
Un segundo, y la historia universal se contrae en un sístole.
El reloj no detiene su ecuación algebraica cuando agoniza el cisne.
Reloj, álgebra y cisne. Tres. Tiempo es materia orgánica engullida:
como libélula por rata,
como la rata por serpiente,
como serpiente por chacal.
Puede que yo sea tres.
Tres al sol. Bajo lo más amarillo del sol.
Bajo la yema de un sol devorado por chacales.
Tres chacales y aún
no me lo creo. No.
(en octubre la noche perduraba)
FAUNA (Axioma Cuarto)
Me vuelvo oso polar sin caliente piel blanca, ni pasos, ni zarpazos, ni la huella, ni el hálito
en el cielo de un metro de espesor.
¡Qué digo, oso! Loca debo de parecer.
Me vuelvo peregrino
halcón limosneando en un breñal.
El azor bandolero de los alcornocales. Un tigre sin abrigo de tácitas fronteras.
Alimento las flecha extraviadas. A mis presas les doy de comer mi corazón.
Se derrite la noche en el cielo del día,
el recuerdo en la memoria colectiva
y mi culpa en la mancha de la mora.
¡Tomad depredadores: mi cerebro de pichón!
Reverbera el calor a lo hondo del tiempo. La vida es como un barco que cruza un descampado.
Miro bajar el tiempo por el tiempo.
Sólo produzco perlas triangulares
con las que te seduzco y engalano.
Me convierto en la liebre que descubre esta noche mi sombrero. Me convierto en los pájaros invisibles del campo. Todos los pájaros que pueblan mi cabeza.
SETAS (Axioma Quinto)
Hoy estamos a veinte y recolecto
las setas de este otoño.
Tres setas como mucho.
El collado se llama Calar de Peñarrubia.
¿Cuál de las tres será letal?
HILOS
(Tautología)
Mi madre hablaba como la aurora y como los dirigibles que van a caer.
Vicente Huidobro
Madre Costurera.
Nuestra Señora de la Máquina Sigma.
Madre Manos Curtidas con Olor a Lejía. Madre de la Barbilla Hincada en la Pechera.
Nuestra Señora Mascadora de Hilos.
Para cazar de noche, me quedan tus bobinas.
En mis ojos de irbis, la mujer de interior, madre hilandera recosiendo la carretera estrecha y ciudades perdiéndose por ella, y los chopos oscilando en el viento como el público en un antro de jazz, y los postes de luz muy abiertos de piernas como un sheriff federal de Santa Fé.
Tú, mi santa hilandera nocturna que musita
con su hilo de de voz, con su ca . rrete azul, requeteazul celeste para hilvanar, sobrehilar
y para echarle
pespuntes a la gloria, que no caiga
la Virgen del Consuelo,
la virgencita buena
que nos casó un verano en los cuarenta.
Virgen de capa nívea, de los ojazos negros.
Virgen del pueblo blanco
y del río coleccionista de ahogados.
No vayan a caerse ni santos ni los muertos.
Que no se desbarate la montura del cielo.
Cantar.
Coser.
Una bobina blanca inmaculada.
Se humedece, se enhebra.
(La pureza precisa buen repaso:
blancura de azucena, cal y talco).
He jurado tres veces que te quiero.
(La hora del rocío.
En los tres escalones del pozo con brocal.
¡Eso sí fue quererse en nuestro patio,
con muros reventando de macetas!)
Mírame con los ojos quetequiero.
Aunque sea por decirme que pronto me abandonas.
Urdir.
Enredar.
Hilo negro por dentro,
para dentro,
por todo, todo el cuerpo.
¡Y qué exageración!
¡Y qué barbaridad!
Negro es el hilo de araña que acecha.
Puerca hilandera. Mal rayo le parta.
Amarillo es el camino que llevo:
otoño y lluvia ácida.
Quiero ir a buscarte yo a la nada.
Yo sola, recosiendo con mi hilo.
Todo vale, menos resignación.
Tejer.
Mallar.
Mil leguas yendo a ti.
Me respondes rasgando la tela que recoso.
Ay, carrete amarillo:
hojas muertas por todo este camino.
El sol, carrete rojo.
Todo el carrete entero.
Hilar.
Ovillar.
Marrón era tu piel en la feria de agosto
debajo de la sábana bordada.
Marrón de morena. ¡Ya lo creo!
La vida y la muerte.
Coser y cantar.
(noche en noviembre todavía)
EL PARQUE DE MARÍA LUISA (Axioma Sexto)
Tú, vestida como noche del sur:
de un vaporoso traje de luz negra. Las palomas acuden.
Extendemos las manos, con alpiste y con paz.
Risa, temor, deseo de alimentar a todas las palomas. (Así son los encuentros verdaderos:
alimento, alegría y turbación).
El notario del parque.
El fotógrafo escriba.
Las primeras palomas. La plaza recogiendo los arrullos.
El fotógrafo oculto tras su negro dosel.
Un chispazo de luz. Y salieron volando las palomas.
PALOMAS
(Silogismo)
El tiempo ha ido pautando las fases de la lluvia, los ritmos de la luna, el vuelo de las aves.
Se corporiza en mí la manifestación
de las cosas que en ti no se habrían revelado. ¿En qué toscas funciones mora la identidad?
¿Qué me cabría hacer sin tu omni-consciencia?
Eras la husmeadora de todos mis estados, mi revoloteadora.
Soy plaza sin palomas. No arriesgaré quejarme. Plaza en silencio. Neta. Y te oigo como una campanada.
CARRETERA SECUNDARIA
(Axioma Séptimo)
Siempre llega ese día en que corres en coche
por una carretera entre viñedos, alcornoques, madroños
y pájaros sentados en los cables.
El cielo azul turquesa, por detrás de las nubes,
es zona donde empieza el más allá.
Hay un carro sin ruedas junto a un muro de piedra.
Algún pueblo se llama San Martín.
Se componen las calles bajo una lluvia fina,
recogiendo las casas viejas diseminadas.
Es muy débil el alumbrado público.
Pero siempre se ve lo que se quiere ver.
Los carteles se acercan y se alejan como gatos y miopes, como dicha o infortunio. Como todo. Por la rambla.
Un pajarraco grazna, y es oscuro. Puede que grazne de felicidad.
ÁNIMA (Axioma Octavo)
Quizás estemos hechos de Teruel:
un muro montañoso azul oscuro,
las nubes de tormenta, sol gélido y angélico y las pampas
rojas, duras, vacías.
Más bien parece un alma. Este yermo paisaje:
algunos matorrales en forma de pompón,
nubes con amenaza de tormenta,
el cielo gris y escueto, como un baño de plata.
Luego sube la niebla, espesa, inesperada, desde el fondo de un río turbulento al que desagua un nuevo polígono industrial.
ROBLEDO (Axioma Noveno)
Empantana la noche el vapor de una ciénaga y resuenan los robles, sus arpas melodiosas.
La luna se ha buscado un refugio en el bosque
y sueña que ella es Venus, Aldebarán, Neptuno que es Júpiter, la Tierra, y que no tiene cerco.
Oculta entre la bruma, la lía, la hojarasca.
su cara de celosa.
Ya se acercan los lobos negros al robledal. Esos lobos hambrientos.
CARENCIA (Tautología Dos)
Ya no tengo mi casa. Soy no tener.
Adiós a los pasillos, la sala con alcoba, salón del catafalco.
Ya no tengo mi casa. ¿Adónde voy a ir?
Carezco del amparo de una costra y del peso de mi
caparazón. El mundo se libera de romperme el cascarón
y también de escuchar mi caracola.
Ya no tengo camisa de serpiente, ni carmen floreado e
introverso.
Adiós a mi refugio lunar peripatético,
al hollado arenal del coloseo, el ábside que asciende en busca de un planeta.
Ni el freno de la añoranza tengo,
ni el templo del olvido, ni el ágora en la piel. Ni el muro de las lamentaciones. Soy no tener.
PÁRAMO
(Inferencia Segunda)
¿Están deshabitados estos pueblos vacíos? ¿Los pueblos en silencio se habrán muerto?
¿Ha matado la noche a los pueblos del páramo? ¿El frío es tanto?
¿Quién vive mañana?
FRÍO (Axioma Décimo)
Mi madre me llevaba
todo recto por el frío.
Ahora veo la estatua de hielo que éramos
en aquella ciudad vieja del nordeste.
Tuve suerte de erigirme
esperando con ella
en el centro del frío, debajo del castillo. Yo tenía su fragancia,
(¿o era su miedo?
¿o su temeridad?)
Mi madre me llevaba todo recto por el frío.
Había una iglesia grande donde olían
a incienso las gitanas
sentadas en la noble escalinata. Los gigantes dormían en la Casa
Consistorial.
Mi madre me llevaba todo recto por el frío. La calle San Antonio, enfrente de la tienda
del petróleo y las papas, junto a los Cines Fémina,
hasta la pastelería.
Dos galletas ovaladas:
chocolate y anises de colores. Ternura, privilegio. Un cándido secreto.
En el centro del frío, me comía a mi madre.
(y en diciembre)
invierno
CIELO
(Proposición Segunda)
Estoy hecha a rodar por la conciencia, por las altiplanicies del solsticio
y por la depresión del equinoccio
como ruedan los soles desprendidos del cielo, aunque yo sea la roca más lunar.
El cielo es la mejor película de Kubrik: futurista odisea.
Mi ojo verde fósil,
un fragmento de la nave dos mil uno.
Me llamaron Selene por mi cara menguante.
Sumergida en la sombra, mi existencia trasera.
Pasan muchos cohetes. Me inspeccionan las garras de una pantera negra en la ceguera orate de mi pensamiento
donde chocan, se extinguen chiflados meteoros.
ESCENA (Postulado Primero)
Habéis ido a lo vuestro. Lo comprendo. Tuvisteis disyuntivas que zanjar.
Hay siempre un solo crimen y muchos sospechosos. Una serie de hechos enlazados. La libertad minada de incógnitas y retos. ¿Quién sabe que es acierto ni cuánto dura eso? Habéis ido a lo vuestro. Nada más que aducir. Todos tan eficaces como el equipo Grissom. Los casos, los misterios, las pistas y las pruebas. Han pasado los años segundo tras segundo. ¿Qué tenemos aquí? El crimen y la escena.
PISTAS (Postulado Segundo)
Tenían su ADN. El odio no era suyo. El arma no era suya, ni el golpe, ni el horror ante el espejo. La culpa no era suya.
Pero tenían su ADN.
Y una sola certeza
vale por un millón de incertidumbres.
CONCIENCIA (Postulado Tercero)
Están los veinticuatro monitores en marcha. Hoy hay mucho que ver. Y todavía hay más que no se ve
porque no sale por los monitores.
La cabeza la tienes en “Sección Multimedia”. Justo al lado de “Jardinería”.
Veinticuatro monitores en marcha. Cada loco con su sintonía. Eso es la conciencia
parabólica sapiens.
FE (Postulado Cuarto)
Yo no puedo creer. Así no.
¿Así cómo?
TONOS (Axioma Undécimo)
Letra verde ectoplasma y azules acerados.
El fondo es de un magenta fosforito.
Luz para confesar.
Luz para delación.
Un foco al sospechoso y otro sobre la starlet.
Más aún:
un láser ilumina
nuestros equipamientos tecnológicos.
Otro haz barre el cosmos (por si vemos un ángel.
Y no hay ni uno).
(noche aún en enero)
LATITUDES (Proposición Tercera)
Miremos hacia arriba. Miremos hacia abajo.
Dios prefiere la altura.
Abajo está la huella de los dioses de barro, del hombre caracol, de la mujer serpiente. Las pasiones se arrastran por el suelo. Mi salmo es una polca que baila un fuego fatuo.
VIENTO
(Axioma Duodécimo)
Un minuto es muy poco.
También parece poco la existencia. Minúscula también, una dinastía.
Debemos de parecer insaciables.
Los minutos pasaban como las ventanillas de un tren loco.
El tiempo era más largo que el Expreso.
Empecé a impacientarme.
Cuando volamos. Dime
cuánto nos falta para el vendaval.
Se ahuecarán las faldas.
No quedará sombrero que resista.
Seré María Sarmiento, Mary Poppins, mamá.
María de la Ascensión.
El monte sin tejado será un enorme patio donde jugar al béisbol con estrellas, y los lirios parecerán geranios, y las liebres y cabras levantarán el vuelo cuando tú nos ordenes: ¡Volad,
que no estáis atornillados al monte! ¡Probad el sabor verde de la menta y la paz transparente que deja el huracán!
LITORAL (Inferencia Tercera)
He visto a los ancianos. A todos los ancianos
del mundo. Se encontraban junto a las ortopedias, junto a los restaurantes marisqueros, junto a cafeterías pastelerías, junto a enormes bazares de los chinos.
Caminaban a paso paquidermo, buscando silla al sol, saldos, liquidaciones por traslado, la zona confortable de la vida.
Hacia la costa los arrastra el viento. El mismo dios Eolo que alquila al por mayor grandes alas de Ícaro. Sobre la arena deja el viento a los ancianos.
(y en febrero)
LAGO (Tautología Tres)
Ya que los árboles no son sino muebles que se agitan.
Nicanor Parra
Febrero es un período de árboles desnudos. (Veintiocho jornadas).
Olmos, tilos y arces tiritando en el cierzo (boca abierta sin cara,
soplando y resoplando).
Yo no miro a febrero. Yo no quiero ni verlo. Apenas soy capaz de vivir en mi grieta veintiocho jornadas.
Febrero me examina con su córnea demente (un lago de agua gélida).
Los árboles desnudos se abrazan a febrero, bajo un cielo paupérrimo y sintético. El ojo que los mira no es el mío.
RAIZ (Inferencia Cuarta)
¿Qué debería haber debajo de una letra
(de la raíz de letra)?
¿Hasta qué hondura alcanza, si es que eso me importa? No hay secreto seguro si mueves el indicio,
el nenúfar.
¿Qué fósil se libera con la “O”?
¿oro negro y oxígeno oxidado?
¿Qué respira la “A”? ¿El aire Luis XV?
¿aire precolombino?
¿anhídrido muy viejo?
Pulsas: lanza la ele una línea por el lomo del lince.
Esto es lo que sé: la “o” sella el secretO.
EME DE MATRIOSKA (Tautología Cuatro)
Para ti, madre mía, desarbolada y ciega. Para el abismo cierto de mi nombre. Para mí que soy manca y baldía y no puedo alumbrarte.
Juana Castro
Madre huevo y gallina. Madre loba y leona. Elefanta y sardina.
Madre gata y araña. Madre rata y coneja. Madre Electra y Antígona.
La hija es la princesa que se autoderrocó. Es lobezna, ratita presumida. Cachorra de tigresa iconoclasta. La prófuga, la missing.
Madre es chacha directiva. Modistilla de la noche. La monjita
enfermera. Diseñadora humilde de interiores. Servil coordinadora
de los contenidos. Madre es una obediente visionaria. La pobre tesorera. La cueva de la vida. Metafísico y alquímico laboratorio. Madre es toda la vida de a diario. El minuto a minuto. Madre es mamá.
Mater,
tuvieron que pasar doscientos días
contados como hacen los banqueros:
con los dedos impregnados en saliva.
Mater mía, veinte duques hubieron de humillarme, cien condes, la marquesa,
para dignificarme y que merezca
compartir la grandeza de lo frágil,
lo pequeño y sutil, lo esbozado y humilde.
Mater-mía-matrioska,
qué preciosas palabras, aunque nunca hablásemos de ello.
Tuvieron que atacarme
verborréicos enjambres de recuerdos zse-zse,
el banco carmesí de salmonetes que nada entre el coral de la memoria, y una bandada Hitchkock de pajarracos cárdenos,
para que yo (loca, loca de mí)
descubra la palabra “matrioska”,
la indulte, la conquiste, la dome, la pasee,
te acaricie con su piel de gato persa y su viento cosaco.
Yo te he visto hierática, matrioska, por tanto eres sagrada.
Seré tu peregrina aventurera en un carro de fuego, de Elías, del auriga, de la Osa Mayor, mater mía,
matrioska. Yo cazaré tu rostro
(yo Diana), tu rostro
creciente en el azogue de los mares, los lagos, los pozos, y todos mis espejos.
(y en marzo)
MOLINOS (Axioma Decimotercero)
Crecen parques eólicos sobre sutiles lomas.
Son molinos de viento con tres aspas:
tres muñones, tres hoces, tres guadañas.
Hacen la cincuentena.
Parecen ir corriendo como hidalgos duendes aerodinámicos más allá de las gasolineras de Avia y Petronor.
Suben por las colinas con barba de tres días, entre los ríos Queiles y Jiloca, a diestra de Gallur, pisando las adelfas y las pitas.
Hacen la cincuentena.
CONÍFERAS Postulado Quinto
Ce dros, abetos, pinos, enebros.
¡Mi alma por una pal
me
ra!
ÁLAMOS (Axioma Decimocuarto)
Sin más abrigo que una flor que se apaga
si hay un poco de viento.
Vicente Huidobro
Silban los caminantes cuando van de paseo, con las manos detrás o en los bolsillos.
Una brisa caliente y muy reseca, como ventilador en el desierto, como soplo que apaga un dolor tenue,
cimbrea las ramitas de los álamos
(ligeros como plumas de un tocado).
LLUVIA (Postulado Sexto)
Tu alma es la ciudad lejana. Llueve friamente.
Fernando Pessoa
Un llanto partitura de ausencia y lejanía.
-No es el mismo llorar el del anhelo-.
Hay un llanto tan frío como el llover sobre un tren que percute metálica distancia, sobre un río que se pierde en el fondo del mar, sobre huellas de los aparecidos.
No es berrinche de celos, de rabia o ambición.
Es llorar en el hombro de un arcángel nevado.
Llorar copos que flotan un momento
y caen como la pluma de un pájaro en Lisboa.
(abril también de noche)
primavera
NOGAL
(Tautología Cinco)
Ich bin auf der Welt zu allein und doch nicht allein genug, um jede Stunde zu weihn.
Rainer Maria Rilke
A la umbría de un nogal,
crece el trébol y el diente de león. Al compás de un cucú,
cantan mirlos y palomas salvajes.
Amor es mucha duda, pero seguridad.
(Dictamina la voz de la noguera).
Inquieta confianza.
(Zumba la mosca feliz de ser eterna).
También inmunidad.
(Escribe el campo sabio con la rama de un olmo).
Besos dulces a un niño malhechor.
(¡Qué va a saber la urraca!)
Sí. Eso es el amor.
(Confirma el pavo real de la granja vecina). Sí. Sí. (Dice la ardilla trepando por el tronco).
Hasta las mariposas, que viven por un día de intensas mutaciones, conocen el amor.
CASTAÑOS (Axioma Decimoquinto)
Hay palabras que tienen sombra de árbol.
Vicente Huidobro
La sombra del castaño apunta al norte. Y venga a llover. Estación que huele a hierro y a canela.
Una sonrisa afable del viejo minotauro.
La hojas del castaño son voces recortadas con tijera en cielo satinado añil de tres milímetros.
Los castaños dan sombras oleosas, masajes orientales.
Umbría de troncos largos, bien oscuros como las chimeneas del siglo diecinueve.
Todos los paseantes que rondan los castaños
se transforman en cuadros de Zuloaga,
en versos de Celaya y Campoamor.
La sombra del castaño vira al sur.
No acaba hasta no ver a mi madre, a lo lejos, viniendo con vestido desmangado por la sombra distante de los álamos.
SILENCIO (Tautología Seis)
Los árboles son lentos. No cometen errores.
De fresno en fresno el río va orientando su vida,
mientras guardan silencio el urucú y el baobab.
Quien escucha a los árboles, aprende a estar callado.
El yambo mide el tiempo en su cuerpo de anillos.
El panjí predice el clima con un cálculo floral. Sobre un ombú se recuperan los pájaros cansados.
Los árboles son lentos. No cometen errores.
Un bosque es un evento de cariz paranormal:
el espacio teúrgico entre dos praderíos,
la franja cabalística de la tierra y su cielo.
Los árboles son lentos. No cometen errores.
Los tilos.
Su perfume.
(y de noche en mayo)
CAMPO (Metateoría Dos)
El Land se dice “campo”. Pero campo no es Land. El campo es la campiña pardo pino,
con la piedra que oculta un alacrán, y terrones que ensucian las playeras, y un camino vecinal con paisano, burra, perro, un tractor.
Te subes al muñón del alcornoque
y divisas el mar, al pirata y al náufrago:
lo existente, lo ficticio y la fé.
Huele el campo a rastrojos y romero si sopla la brisa tan liviana que parece una mano delicada, mimosa.
Montado en una loma,
ves un pueblo con traje Primera Comunión. Explotan los cohetes como géiseres de fuego.
Se quema la cortina del cielo alrededor de un viejo campanario.
El campo nunca es verde. Ni en mayo ni en abril. Land sí es verde, fuera y dentro.
Mojado y crudo verde, igual que la morriña.
En Land pastan las vacas que rumian
como filosofando. Su cuerpo se amplifica y se acurruca,
como hace una oruga.
Land se expande orgulloso por el valle. Tropieza contra el muro que erigen las montañas,
Les levanta la falda
de pastos, edelweiss y nomeolvides.
Land es fértil, verídico.
Tiene un largo sendero que se adentra en el bosque, y un arroyo que drena la leche del invierno.
Huele a pan de centeno con especias,
a mensajes de humo que envían las chimeneas,
a la hierba que pisa el hombre de las nieves.
El campo nunca es “Land”, es monte y serranía.
Muchos días envueltos en un caliente paño. Una niña saltando comba del horizonte.
Lentamente maduran aceitunas homéricas.
MUJER BAJO UN SOMBRERO (Inferencia Quinta)
Qué bonita mujer debajo de un sombrero jipijapa, y debajo de un árbol eucalipto. Bajo un cielo tan plano como una piscina.
Mira al ojo con trípode,
el ojo fijo, absorto de la posteridad.
Su sonrisa viaja igual que un meteoro.
Qué preciosa mujer
en gris. En sombras. Formada
bajo un cielo tan plano como el envés del valle, bajo el ala de un sombrero Panamá.
Mujer bajo un sombrero. Ella es el origen. De ella vengo.
VECTORES (Metateoría Tres)
Ni te imaginas cuántos caminos hay.
Entre dos puntos fijos, siempre una línea tensa, certera y económica.
El camino de Taipei a Shikoku. El camino de la soga al ahorcado. El camino desde el agua a la polea.
El camino desde el poste a la tensión.
El camino del guiñol hasta la mano.
El camino de la flecha hasta el antílope.
El camino umbilical que separa los destinos.
El camino que secciona la matriz del incentro.
El camino de Pitágoras sobre un pergamino.
El camino de las cuerdas a la vara pernambuco.
El camino de Greenwich sobre el vientre del mundo.
Dos puntos:
A
y B.
Fuerza.
Interdependencia.
Peligro. Salvación.
(y aún la noche en junio)
verano
QUEMA
(Axioma Decimosexto)
… und ich geh von mir weg und ich geh zu mir hin.
Ernst Jandl
Hay un cerros. O puede que haya tres. Viajando hacia abajo.
Por todo la vereda no he visto más que zarzas, cornejas, rastrojos,
un regajo con chopos y algunos peñascales.
Sobre los altozanos rueda el sol, calabaza de Halloween.
Hay que mirar al sol para aprehender este paisaje suspendido entre la vida y la muerte, sin nadie labrando allá en la era, sin nadie pasando en bicicleta, sin nadie remontando para el pueblo de casas desconchadas, sin nadie que te observe,
sin nadie contemplando cómo el cielo se quema
y el campo sigue frío.
Belleza a palo seco. Derrochada.
AREA DE SERVICIO
(Axioma Decimoséptimo)
En mitad de la tarde, por la pista del sur, el área de servicio, acristalada y plana parece una barcaza nipona.
Hay sólo tres clientes: La mujer que camina
con la boca apretada.
Unos setenta años. Rostro de roedor.
Pelo casi rapado y sin gota de tinte. Recuerda a una monjita con chándal.
Un hombre en cazadora
fuma Winston junto a los cartelones
donde se anuncian platos y menús. Hoy: mixto de pollo y ensalada.
La joven inmigrante, de pie, junto al letrero
que indica la salida.
PRECISIÓN (Enunciado)
Bajo el álamo, el roble o la sabina, un físico calcula la tasa de la dicha, el área de los páramos en llamas,
punto de ebullición que alcanza el corazón,
la densidad del miedo,
la dirección del viento que sigue una mirada.
Bajo el sauce, el olivo o el naranjo,
minucioso, preciso artificiero
desactiva la bomba intestinal de relojería.
Con la encina el tiempo se apacigua.
Un relojero monta, magnánimo y paciente, bajo la sombra esbelta del ciprés
almas de precisión.
(hasta julio de noche)
MARINA (Axioma Decimoctavo)
No es fácil ver un barco viniendo desde América.
El mar con raya en medio. Nadie tomando el baño.
No es fácil ver un barco camino de Sicilia.
Toda la inmensidad es una sola noche viendo estrellas, agua negra en los ojos de Neptuno y un cerco sin la luna.
En un punto radiante como de avión perdido
caben los clubs nocturnos, las farmacias de guardia,
una estación central y un parque de farolas.
Una mujer es poco en la marina noche, en la noche encendida,
tomando con sus manos un puñado de arena.
CRIATURA DE JULIO (Inferencia Sexta)
¿Qué podía ofrecerte bajo el sol del pedregal? ¿Telarañas
de palabras sobre un abismo blanco?
¿La araña de quererla, de quererla tejiendo?
¿Resistencia adiestrada en ardor y aspereza? ¿Lagartija esquiva y detenida
(huidiza e inmóvil)?
¿Qué añorabas de mí,
del calor que yo misma precisaba, del calor que me atraía
a mí más que a los cóndores?
¿Qué era eso tan dulce y destilado que buscabas oculto en mi necesidad?
SOMBRA al SOL (Axioma Decimonoveno)
Guardado entre la vida, grandioso cielo azul, el viento, los escombros, y aquel ir y venir de las hormigas
Dionisia García
Era una sombra al sol, al foco del calor, la sombra de la casa tan austera.
Era sombra escarbada en polvareda, buscando las corrientes, lombrices, humedad, la frescura del pozo y el germen de la duda:
¿adónde se irá el río? ¿y por qué no se quedan a vivir las cigüeñas?
Era la sombra más fogosa que hay.
Más ardiente que las fiebres palúdicas. (Mucho más que la voz de la conciencia).
Una sombra más larga que las calles
donde viven los niños.
CALLE DILATADA (Axioma Vigésimo)
A las tres de la tarde, nuestra calle chocaba contra el sol. Le daba coletazos a la casa de Teodora, biznieta de Aguasanta.
Columna de mercurio. La culebra rabiosa. La calle dilatada todo el día: Una calentura de cuarenta.
Al dar la medianoche, los ojos de la calle se achinaban:
dos farolas menguantes iluminando del patio.
Desde la noche al patio,
dos espías a través de un cuadrante.
Y latían las sienes como un reloj de péndola
(tac-tac, tac-tac);
como grajo, picaza, tucumán en un tronco
(tac-tac).
La memoria regresa a la calle de azogue, estirando su lengua de sapo y mariposa.
Por la plaza regada en los cantones, pasea ante la iglesia sin rehabilitar, hacia arriba y abajo, andando a paso burra, de tortuga, marcial.
Los recuerdos no se habían estrenado.
Se formaría más tarde, muchísimo después, encubados en el magma de gentío, alumbrados por luces japonesas de lunas venideras.
Recuerdo fogonazo: el sol contra los ojos tras un coma. Recuerdo triquitraque: petardos y balas de fogueo.
Recuerdo kamikaze contra la madriguera de los trenes y las aves de paso, esqueletos de lobos, arcángeles y larvas de mosquito.
Matrioska por la esquina de Teodora, hija y nieta de Alba, biznieta de Aguasanta.
GÉNESIS-ÉXODO
(Axioma vigésimo primero)
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla.
Antonio Machado
Génesis:
Las tinieblas cubrían el abismo.
Y se hizo la luz.
Una casa con patio.
Patio con parra, pozo, tinaja y limonero.
Corrales sin frontera.
Dos puertas confrontadas: dos esfinges.
En el tejado, gatos y alguna teja suelta. Tres salas con alcoba. Alcobas con altillos y alacenas. Incrustada en el patio, la cocina humeante de madre la dragona.
“Que se aparten las aguas”.
Dijo madre con fuego.
El patio tenía un pozo
con brocal, agua helada, un cubo de latón
y un riesgo en su garganta.
Vísperas de la Virgen. Mujeres en cuclillas.
Un pañuelo anudado. Dos días de blanqueo.
Brochas de esparto, balde y alpargatas. Los limones revientan contra el suelo.
En el centro del patio, el limonero regalando la fruta del Bien y la del Mal.
Éxodo:
¡Fuera los moradores!
Tronó severamente la voz providencial.
(Fuera del pozo negro,
de la interna tinaja que retumba,
de las habitaciones con alcoba,
de la honda cocina nuclear). Y quedó rescindido el trato de alquiler.
Las maletas, los bultos, los camiones.
Fuertes hombres ejecutan la mudanza.
El Génesis, el Éxodo.
La Palabra de Dios.
En los campos elíseos que ocupaba la casa,
una nueva simiente prosperó.
Talóse el limonero.
BONSÁIS (Silogismo Dos)
Madre: Eran tus manos y la noche juntas. Por eso aquella oscuridad me amaba.
Antonio Gamoneda
Más pequeñas aún eran tus manos, venosas y morenas;
más pequeñas aún que dos bonsáis, que dos árboles complejos y chiquitos, que dos seres con sombra contraída de emociones titánicas.
Amasaban pestiños, panes de harina blanca, tortas de piñonate.
Pelaban ajos tiernos, patatas tempraneras,
largas pencas de acelga. Planchaban dobladillos, las mangas y los cuellos. Encalaban la casa por encima del friso. Lavaban los visillos, las dos colchas morunas,
las medias con costura.
Limpiaban las orejas del sillón.
Cosían los ojales, jaretas y festones. Zurcían calcetines. Bordaban iniciales en la mantelería.
Producían tejidos primorosos.
Como las arañuelas del robledo.
Posadas en mi frente: palomas de hechicera. También en mis mejillas: crías de águila real. Buscaban sus abrazos a mi espalda:
dos ardillas partiendo su avellana.
Me dieron el adiós con la muerte del cisne: con el largo pañuelo de Isadora Duncan.
Bajé de tus bonsáis a una calle agitada. Era un día de agosto.
La puerta de casa se cerró. Lacró. Selló. Borró.
TIERRA
(Postulado Séptimo)
Cierra, entonces, los ojos. Te dejaré dormir, te dejaré dormir.
Wen Yi To
Solo como la pluma que se cae de un pájaro en la noche.
Vicente Huidobro
Llevo trescientos días en la cueva del oso. Días contabilizados con pellizcos de mica, arenisca, basalto, azufre y feldespato.
Fulgores siderales arrasan los planetas mientras manan mis lágrimas igual de dulcemente que el rocío se posa sobre Sierra Morena.
Una lágrima en mi ojo, como una estalactita.
En mi ojo pez fósil, en mi ojo pez globo.
En mi ojo desvelado que te busca antes de ir a dormir.
Dame las buenas noches con un beso delicado, soviético.
Arropa mi pez globo.
Cierra después tus ojos, matrioska, y descansa en la noche tan serena al canto de los grillos.
Mater Tierra te guarde,
como guarda diamantes, oro negro y gasóleo,
como guarda las plumas de los cucos, las hojas de los chopos, la sombra de la jara, mi canto musitado y el barro de mi llanto, la raíz del olivo y del palmito,
la granada que arroja el pino piñonero.
Porque el pino a su sombra,
tórrida tierra, lecho,
absorberá mi duelo y tu cansancio. Acaso escucharemos, matrioska,
cómo crecen las flores.
ÁMBAR (Tesis)
Yo soy tú y a la vez yo. Yo soy un insecto que por noviembre merodea en los crematorios.
Elena Medel
El verbo se hizo piedra.
(Cosas mucho más raras tengo vistas). Y verbo quedó petrificado
en mí, que era una pobre libélula del ámbar. El verbo sonreía duramente.
(Siempre se encuentra el modo de reír). Y el verbo se ocultó tras las chumberas. Fue guijarro, cascajo, canto de historia breve
(paleolítico al pop), canto rodado
por la noche tan larga.
El verbo no contaba con la fuerza fantasma.
Yo sí. Yo, sí. Yo, sí.
Tomé el verbo de tierra.
(mi lasca, mi rajuela, mi aerolito).
Y en verdad lo lancé sintiéndome aire libre, lanzador peso pulga, bailarina en un cerro.
(Tracé con él un arco Calatrava).
Mi verbo fue chinarro que arrojé con el campo enfurecido
contra el cielo de estrellas de David,
contra la bóveda del reino de los muertos.
Tres veces te nombré. Yo Oliva. Yo Úrsula. Yo Enmanuela.
Se incendió mi aerolito. Saltó, cabrioló
(un vector neoclásico -groove)
impelido por fuerzas orogénicas.
Y el verbo se hizo flor. Fue diente de león (tenue nombre de corazón felino).
Y el verbo se elevaba sobre los palomares, las crestas de los gallos de pelea, un mar de peces muertos, quimeras y espejismos.
Liberada del ámbar, yo Oliva, yo Úrsula, yo Enmanuela.
LA NOCHE EN UNA FLOR DE BAOBAB (Corolario)
Los muertos no se quedan
donde los enterraron.
John Berger
Ah! Dixen eu, entón son a filla do mar.
(¡Ah!, dije yo, entonces soy la hija del mar.)
Luisa Castro
Tiempo:
Tiempo es el Indo, su vaca sagrada.
Río logaritmo integral euclidiano.
Río fracción, decimal, algoritmia. Río postulado infinitesimal.
Pasan axiomas, potencias profanas.
Pasa la vida a un cociente elevada. Pasan las horas, sus geometrías. Pasa un minuto de piedra
filosofal.
Ganges que drena las luces niponas.
Flores binomio. Rosas del viento.
Tiempo es el paso de un lama aritmético. Tres son las rosas. Cuatro los vientos.
Flores del tiempo. Sombras chinescas.
El tiempo es una noche cocodrilo mirando como pasa el Amazonas
por la pupila fija del leopardo.
Luz:
Curvatura del río
que empantana las hojas del olivo,
duendes, cascajo y larvas de mosca.
Una flor blanca y fría.
Una tierra más roja que Marte y Arizona. El árbol con raíces en el cielo. El tiempo se abandona: verdosa sonatina bajo un puente. El pueblo es apotema de las aguas pasadas. El sol es la canica de poniente.
Llueven gotas tangentes.
Aluvión de vectores.
Recuerdos poliédricos.
Factores primordiales:
un molino, las datas, los diluvios.
Pasiones circunflejas.
El pueblo es apotema
de las aguas pasadas.
El sol es la canica de poniente.
Llueven gotas tangentes.
aluvión de vectores.
Recuerdos poliédricos.
Factores primordiales:
un molino, las datas, los diluvios.
Pasiones circunflejas.
Cuatro fuentes que brotan de un prisma subterráneo. El plancton y la espuma.
Los reflejos y el cuarzo.
Cinco salmones saltan. Las ramas con sus radios.
La vida, un enunciado.
Olas borran sus dígitos.
Las algas en la arena.
Esféricas almejas.
La falda flotando en un minuto
del tiempo que devora Poseidón.
Mar Muerto. Madre muerta.
Polvareda de estrellas.
Arder en fuego negro
un año sin luz.
Potencial exponente:
corazón bicuadrado.
Mi penúltima lágrima
(la flor en la pupila del leopardo).
El frío no es perpetuo.
El sol sale incendiando
la bisectriz del mar.
¡Claro!, así es renacer: luz
del alma en la memoria
teorema de sombra y fuego blanco
(la noche en una flor de baobab).
la noche en una flor de baobab
ángela mallén
Carretera secundaria
Ánima
Robledo
Carencia
Páramo
Frío
y en diciembre
Cielo Escena Pistas Conciencia Fé Tonos
noche aún en enero
Latitudes Viento Litoral
y en febrero
Lago Raíz Eme de Matrioshka
y en marzo
Molinos Coníferas Álamos Lluvia
La luna tras la montaña,
asoma su cara muerta...
La cabaña
ha cerrado ya su puerta.
Por el valle duerme Aurora,
noche va por el camino;
lejos llora el corazón del molino.
¡Campos verdes, noches bellas,
para el llanto y para el vuelo!
Las estrellas
tiemblan, tiemblan en el cielo...
Juan Ramón Jiménez
A mi madre, Josefa Zapata Montero,
in memoriam.
Vitoria-Gasteiz, 8 Febrero 2009