LA POÉTICA DE LA LIBERTAD DE RAÚL RIVERO
Lo dijo Italo Calvino, nadie se toma tan en serio a los poetas como los dictadores, sin duda a los poetas que no escriben con consignas y será también porque es más complicado luchar contra quien no tienen más armas que las palabras, como el poeta cubano y disidente Raúl Rivero, cuya vida y poesía es en cierto modo un recorrido por la historia moderna de la isla. Raúl Rivero Castañeda nace en la ciudad oriental de Morón (en la provincia cubana oriental de Camagüey) el 23 de noviembre de 1945 . Con quince años se alista a un batallón de milicianos para combatir en las montañas de Escambray contra los anticastristas. Fue uno de los firmantes del Manifiesto de jóvenes poetas en la revista prorrevolucionaria El Caimán Barbudo en 1966 que él mismo fundó (una poesía ultramilitante y ultraconversacionista, coloquial y en cierto modo antipoética). Para César López, otro poeta del grupo, era “uno de los más jóvenes, destacado por ser también de los más brillantes, agudos, mejor entonados de la partida”. También fue secretario de Nicolás Guillén durante algún tiempo y se licenció de periodismo en La Habana. Como periodista trabajó y colaboró en los principales diarios y publicaciones oficialistas de la isla como Juventud Rebelde, El Mundo, Adelante, La Gaceta de Cuba, Unión, Revolución y Cultura o Casa de las Américas. Ocupó varios cargos en la agencia gubernamental Prensa Latina y fue corresponsal en Moscú de 1973 a 1976. Fue Jefe de Relaciones Internacionales de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas de Cuba hasta que renunció a su cargo en 1989. En 1969 obtiene el Premio David de Poesía por su libro Papel de Hombre y en 1972 el Premio Julián del Casal de la Unión Nacional de Artistas y Escritores de Cuba (UNEAC) por Poesía sobre la tierra. A finales de los 80 (en paralelo al cambio en la situación política mundial y el derrumbe del comunismo), es cuando se produce su toma de posición a favor de la democracia y las libertades en su país, y decide alejarse de los medios oficiales. Escribe ya claramente versos de ruptura, y así en 1995 dice en Tedio del Vasallo: “Los tiranos intensos/ son los breves/ los fugaces./ Esos sí son tiranos interesantes/ fundadores de la inquietud./ No así estos tipos eternos y aburridos/ toda la vida en el poder/ tanto tiempo que uno termina por quererlos/ que uno termina muerto por amor a ellos”. En 1991 firma La Declaración de los Intelectuales Cubanos, la famosa Carta de los Diez en la que pedían al gobierno un debate nacional, elecciones parlamentarias directas, amnistía para los presos de conciencia y libre migración. Eso era su muerte política y así escribió: “Acaba de avisarme que he muerto/ Lo anunció entre líneas la prensa oficial”. Quedó en el olvido el que fue considerado el mejor poeta de su generación y su obra dejó de difundirse en Cuba. En 1994 crea CubaPress, una agencia de prensa independiente afiliada al proyecto Nueva Prensa Cubana, la única manera de seguir escribiendo, intentando abrir espacios a la libertad de expresión donde sólo está permitido la prensa oficial. En enero de 1996 fue detenido e interrogado junto a otros periodistas y el 11 de febrero del año siguiente se organiza uno de los famosos actos de repudio que los seguidores de Fidel Castro suelen organizar para presionar y atemorizar a los disidentes. En 1997 fue amonestado por la Seguridad del Estado por un artículo que informaba del documento La Patria es de Todos y es posteriormente apresado. Un infiltrado (el camarada y académico llamado Octavio que después testificó en contra en los juicios) propone la creación de una Unión de Periodistas Independientes de Cuba para precisamente justificar sus detenciones. El 20 de marzo de 2003 es detenido y es juzgado el 4 de abril, siendo condenado a 20 años de prisión por conspiración contra el Estado, aplicándole el artículo 91 del Código Penal que sanciona “los actos contra la independencia o la integridad territorial del Estado”. Junto a él son encarcelados otros setenta y siete intelectuales cubanos. Al respecto Raúl Rivero opina: “En Cuba todo aquel que tenga una mínima posición de disensión pasa a ser automáticamente un agente del imperialismo y un servidor de la CIA. Son argumentos agotados del grupo de poder que invaden los medios de insultos y descalificaciones imposibles de rebatir. El bloqueo de USA a Cuba es injusto, tanto como al bloqueo del PC a la sociedad cubana y a las libertades individuales de los ciudadanos de Cuba”. Su reclusión es en la prisión de Canaletas, en la provincia de Ciego de Ávila muy cerca del lugar donde se crió en la infancia; las condiciones de encarcelamiento son muy duras, pudiendo ver a su esposa sólo cada tres meses y estando los primeros once meses en una celda de castigo. Él describe así la situación: “Podía dar exactamente seis pasos. Era una ratonera, con un hueco para hacer mis necesidades y un grifo situado a pocos centímetros de donde tenía que recoger el agua para beber y bañarme. La celda estaba tapiada, había grillos y ranas, el monte entero”. En dichas circunstancias aunque la policía política le dijo que yo sólo podía sacar de la celda poesía de amor, escribió varios libros de poesía, pues la poesía se convirtió en su refugio, su consuelo y su “hilo de contacto con el mundo” porque “el totalitarismo es más fuerte que la belleza. Sólo que la belleza y el soneto son eternos y es su perdurabilidad lo que doblega el señorío oscuro y provisional de un gobernante”. Esta experiencia carcelaria, según confiesa él mismo, le enriquece como poeta. A una pregunta de ¿cómo vive un poeta en la cárcel? responde: “De la poesía, la poesía es su patria íntima y en esa patria íntima me refugié sobre todo el primer año que estuve en una celda de castigo (de tres metros cuadrados) y en aislamiento. Con los presos comunes fue la poesía la que me ayudó a relacionarme con ellos, fragmentos y poemas que les facilité para sus novias y mujeres”. En esos años de disidencia y cárcel, le llegarían reconocimientos como el Premio Libertad de Prensa de Reporteros sin Fronteras (1997), el Premio Mundial UNESCO Guillermo Cano de Libertad de Prensa 2004 y más reciente el Premio Gabarrón de Pensamiento y Humanidades de 2005. El 30 de noviembre de 2004 fue liberado y puesto en situación de residencia vigilada por razones de salud, un eufemismo para no decir que se ha cedido a la presión internacional de España y la Unión Europea para ganarse su flexibilidad política –pero si antes eran tan terribles los crímenes de traición a la patria ¿por qué la liberación?–. Al salir las autoridades le dicen que podía seguir escribiendo, pero sólo como poeta. Finalmente llega a España el 1 de abril de 2005, acompañado de su mujer su hija adoptiva y su madre, donde sigue residiendo actualmente. Para Rafael Rojas (escritor cubano y codirector de la revista Encuentro) “Raúl Rivero no es tan sólo un buen poeta, es dentro de la buena poesía cubana, el lírico más sensible a los problemas políticos de su país”. Raúl Rivero se formó como poeta en los revolucionarios años 60 y 70 con cuadernos como Papel de Hombre (1969) y Poesía sobre la Tierra (1972) en los que narra el dramático cambio de las dos primeras décadas del socialismo cubano. Para algunos fue considerada como anti-poesía, de estética conversacional y paradójicamente fue utilizada por el aparato político para combatir otras poesías menos comprometidas. Porque Raúl Rivero otorgaba a la poesía una nueva función pública. Su palabra se convierte en referencia de las injusticias profundas. “El poeta lleva a sus espaldas un continente”, decía Pablo Neruda. Rivero pretendía llevar sobre su pluma su isla. Hacia 1986 la poesía de Raúl Rivero experimentó un repliegue espiritual que se plasmó en los poemas autobiográficos y amorosos de Corazón que ofrecer (1980) y Cierta Poesía (1981). Pero a mediados de aquella década, con Poesía Pública (1984) y Escribo de memoria (1985), el poeta regresó a sus obsesiones civiles, el verso como habla de una ciudad, como crónica del olvido social, como conjuro de maldiciones policíacas. La vocación pública retomada entonces por Raúl Rivero no hizo más que nutrirse de significados políticos según Rojas. A mediados de los 90 marginado por su inclusión en la Carta de los Diez reúne los poemas en Firmado en La Habana (1996) Puente de Guitarra y Estudio de la Naturaleza (1997) donde la poesía crítica que emergió era ya plenamente opositora. Posteriormente se publican en España las antologías Herejías Elegidas, Sin Pan y Sin Palabras, un libro según Cabrera Infante que inventa un género: “una forma de narración a caballo entre la ficción y la viñeta de denuncia”; y el libro Recuerdos Olvidados. En 2006 se publica también en España otro libro de poemas carcelarios titulado Vida y Oficios. No es el único poeta disidente o cívico como algunos lo llaman, que ha dado Cuba, ahí están Reynaldo Arenas en los 70 o María Elena Cruz Varela en los 80 (promotora de la Carta de los Diez y una de las más odiadas por la policía política que también sufrió la cárcel y la persecución y que después de esas experiencias se refugió en la apatía); o Herberto Padilla que protagonizó en 1971, tras su detención, uno de los episodios más sonados de la represión intelectual del régimen castrista y que en la práctica supuso el fin del idilio de muchos intelectuales, especialmente europeos, con el castrismo, como Sartre, Genet, Beauvoir, Calvino, Sarduy, Cortázar, Valente, Barral, Bryce Echenique o Jorge Semprún. Según Rafael Rojas “Raúl Rivero lleva la poesía cívica hasta las formas más transparentes y comunicativas que ha conocido la literatura cubana bajo el castrismo. En sus textos narra las miserias cotidianas de la vida, la falta de perspectivas ciudadanas, el terror diario, los abusos y la corrupción de las clases dirigentes. Fue preso por producir un tipo específico de literatura, aquella que con los mismos instrumentos realistas de una estética revolucionaria narra el malestar de la ciudadanía cubana en los últimos años. Fue apresado por escribir literatura de oposición. El eje central de su obra es la búsqueda de la verdad y su amor por la tierra natal”. Su estilo tiene mucho de su condición de periodista: preciso, ingenioso, burlón, seco, entrecortado, decirlo todo en pocas palabras, es de alguna manera un estilo periodístico. Según Soriol en Rivero “el coloquialismo como forma predominante de hacer poesía en los autores de habla hispana a finales de los años sesenta, tenía una seña de identidad que lo distinguía: Soltura, fuerza, desenfado vivencial y verbal”. Y es un poeta con un claro compromiso, militante: “La poesía no debe hablar de mí/ sino conmigo de las cosas que pasan” escribe. Su poesía posee una especie de narratividad irónico-trágica, si es que en cada ironía no hay una tragedia como en su poema Orden de Registro : “Qué buscan en mi/ casa estos señores? ¿ Qué hace ese oficial/ leyendo la hoja de papel/ en la que he escrito/ la palabra ambición, liviana, y quebradiza”... Ocho policías/ en mi casa/ con una orden de registro/ una operación limpia/ una victoria plena/ de la vanguardia del proletariado/ que confiscó mi máquina Cónsul/ ciento cuarenta y dos páginas en blanco/ y una papelería triste y personal/ que era lo más perecedero/ que tenía ese verano”. Manuel Díaz Martínez, otro escritor cubano exiliado en España, dice de él: “Muy bien dotado para la ironía y la sátira, creyó en la revolución, uno de los mayores poetas cubanos del siglo XX. Cáustico y emotivo, ajeno a intelectualismos y oscuridades, ha hecho de su poesía un idioma transparente y travieso para hablar de la vida. Y un consuelo contra la desesperanza, la marginación”. Así dice en Herejías Elegidas: “Estos versos serán luminosos/ en medio de la noche de junio/ en el solsticio de verano/ en La Habana llena de moscas y/ desperdicios y como banda sonora/ el rumor de los cerdos/ y gallinas que mis vecinos/ esconden en el edificio”. Pero en sus poemas también hay lugar para la ternura: “Susana me ha enviado del sur/ un almanaque/ para que yo/ por fin/ aprenda a envejecer”; el dolor, como el poema Dolor y Perdón: “De estos miedos y esas ansiedades/ de esta estación de escombros y fulgores/ tienen la culpa los días de la semana./ Esos lunes con filo de navaja/ los martes romos, neutrales y tenaces/ y el día miércoles con sus ínfulas de puente corroído./ El jueves con cara de extranjero/ el viernes y sus ríos de vanidades/ el sábado traidor y encapotado./ Los domingos pueriles y vacíos”. La muerte: “Saber que uno va a irse/ de pronto una mañana/ para ese viaje largo/ que no se acaba nunca/ sin haber caminado/ contigo en La Habana./ He ahí a la muerte de perfil”. También el tono melancólico: “La lluvia desciende/ Nada más./ La tristeza era/ la que habitaba la memoria./ Las gotas de agua en la ventana/ La llamaron”; o la nostalgia: “Cuando camino/ Con los puños cerrados/ Lo que llevo en las manos/ Es el pasado”. Y por supuesto la reclusión, la cárcel, tema constante desde que ejerce de disidente: “Se han reunido allá abajo./ Los pastorean desde motos oscuras/ que parecen bestias de los Montes Urales./ Quieren que nos mate el pánico/ pero Blanca y yo/ tenemos compromisos/ con otras agonías”. Contaba el poeta Jorge Wals que Cuba era “territorio libre de América” cuando estaba encarcelado, pues precisamente la cárcel era el único sitio donde no podía ser encarcelado por expresarse libremente. Raúl Rivero clama contra la falta de libertad como en el poema Elogio de la apertura: “Cerrar la puerta no es un acto inocente./ Hay mucha maldad en esa coreografía/ porque termina cuando uno da la espalda/ a un universo desconocido y abandonado”; y reclama la libertad de expresión en el poema Sin Censura. Además del tema del encarcelamiento está el del miedo que es omnipresente en su poesía: “tengo miedo/ un miedo esencial y permanente”. Su poesía, de verso delicado, breve, con lenguaje moderno y actual, como el poema Los cuates de Sonora, es como una impresión fotográfica de la realidad con poesía situacionista como el poema Mensaje a Moscú. Y está más influido por la tradición poética española (por ejemplo en el uso del soneto y la décima), que por la propia cubana, aunque se puede claramente vislumbrar la de Cintio Vintier y Rafael Alcides. En sus poemas cabe también el humor negro, la poesía amorosa y son poemas muy autobiográficos. Su poesía comunica porque es mensaje quizás hacia ninguna parte, pero mensaje al fin. Él también la define como “emoción evocada”. La poesía de Raúl Rivero está lejos del barroco lezamaniano y de su revista, imprescindible en la poesía cubana, Orígenes o está también lejos del culturalismo y orientalismo de los poetas actuales que viven en la isla, curiosamente más cercanos al esteticismo antisocial de los garcilasistas españoles, que a los sociales como Hierro o Bonald. El crítico literario José Prats Soriol en su prólogo de 1989 al libro de Raúl Rivero Herejías Elegidas, divide su obra en cuatro apartados: “poemas donde predomina lo narrativo-descriptivo, la tercera persona, los plurales incorporados, poemas donde el eje discursivo es de carácter irónico-satírico-humorístico, en los que el entrañamiento permanente marca el tono, poemas donde las tensiones entre tradición y actualidad se resuelven distanciadamente en cauces métrico-versológicos casi siempre como subzona de los irónicos, y poemas del yo donde predomina lo lírico íntimo, autobiográfico, en su vertiente más volitiva, afectiva, personal”; “también hay un proceso –continua– de índole unamuniana de búsqueda de la verdad enraizada en el deseo de libertad del autor”. En su último libro publicado hasta ahora, ya citado, Vidas y Oficios el autor se propone “nada más que entregar, a quien se acerque al libro, un pasaporte neblinoso. Un documento que le permita entrar al universo que fundé entre la primavera de 2003 y el inviernillo cubano de 2004, cuando estaba seguro que era el lugar donde me iba a buscar la muerte”. Por eso se crea un mundo propio para subsistir en aquellas terribles circunstancias de encarcelamiento y así: “traté de borrar cada mañana la realidad del ámbito en el que vivía. Muchas veces, casi siempre, lo conseguí. Eso me permitió experimentar esta situación extravagante: estar preso como periodista y como ciudadano y ser, como poeta, un hombre libre”. Y más adelante en el mismo prólogo escribe finalmente: “No quiero vivir ni morir de poeta preso. Aspiro a que con estos poemas se pueda sentir la cercanía de un poeta. Nada más”. Él define estos poemas de Vida y Oficios, como poesía fantasma. En realidad es una poesía muy carnal, de presencia del cuerpo y el alma del poeta encarcelado que experimenta las emociones más duras como otra vez el miedo: “Lo que he venido a buscar/ Poesía/ a tu floresta es/ un poco más de miedo” porque “lo seguro y eterno es el temor”. Donde usa el cuento de Caperucita como una parábola de la revolución cubana y de su vida: “Mi muerte ha sido siempre el final de este cuento”. Formalmente oscila entre el versolibrismo y la estrofa clásica italianizante: “Devoto, vulnerable, sin consuelo/ visito el territorio prohibido/ recalo muerto en lo que hubiera sido/ en lo que nuca fui. Quietud de hielo”. En la noche se forja un ámbito de libertad y de ensueño que compense de alguna manera la angustia de su situación, pero también la soledad es más profunda: “Viajo en los trenes de la noche”; “Te dejo sola soledad”o en el angustioso poema Remedio: La noche es una mancha casi eterna. Yo distribuyo toda la soledad del mundo. Me salvo porque hago un cisne de sombra en la pared y le cuento la vida de Rubén Darío. Enseguida el poeta nos regala un alba de oro. Desde la cárcel no olvida el amor: “el amor no dirige los sueños/ –ellos son nuestra locura diaria–/ pero necesita restauraciones/ teatralidad, renuncias/ para que la vigilia no pierda/ el sacramento de la neblina”; “Nadie conoce como yo el dolor/ que puede producir la lejanía”. Y añora la libertad a la que no puede renunciar: “Es verdad que mordí la manzana / y que cumplo ahora el castigo”: o en los siguientes versos: “Luchad porque más nunca ningún poeta/ ningún hombre o mujer de nuestra Isla se tenga que morir en el destierro”. Y denuncia a los tibios en el poema Memorias de mi estatua que le convierten a él mismo en fantasma al no reconocerlo como persona. La mayoría de estos poemas son poemas epistolares, que se dirigen de forma indeterminada o concreta a alguien que en principio él piensa que no va a poder leerlos: “pero a ti te amé más porque eres mala/ y la maldad produce emoción pura/ que permanece, canta, duele y quema”. Y ¿cómo no? el dolor profundo de la derrota y la muerte que experimenta en la cárcel, en “la tumba en la que vivo”: “Saber que uno va a irse/ de pronto una mañana/ para ese viaje largo/ que no se acaba nunca/ sin haber caminado contigo/ por La Habana”. Este libro termina con un poema que es una exclamación sarcástica, rotunda y definitiva de poesía y de libertad y que merece la pena transcribir. El poema se titula Manifiesto para la Aduana general de la República: No vayan a prohibirme la nostalgia. No decreten que ese dolor interno es subversivo. Déjenme allá soñar que no me he ido como ahora sueño aquí que me ya me fui. Permitan el libre flujo del delirio la entrada y la salida del espíritu. No se dejen seducir por los papeles: nadie va a traficar con ilusiones. Los fantasmas sinceros no usan joyas. Los perros no perciben las imágenes. El sufrimiento no sale en las pantallas planas y grises de los rayos X. Vuestros agentes especiales ¿deducen las metáforas? No ilegalicen la tristeza. Es solamente amparo, no hay peligro. No le impongan impuestos al cariño, al vacío, la asfixia, la amargura. Las ruinas de la patria están seguras. Tranquilos compañeros. Ya nos vamos. Para Cabrera Infante era el primer poeta cubano vivo que usaba la poesía como arma de precisión: “Un prosista de notable originalidad, capaz de inventar una forma de narración a caballo entre la ficción y la viñeta de denuncia”. Dice Eliseo Alberto, el novelista cubano exiliado en México y una de las referencias tras Lezama Lima, Alejo Carpentier o Cabrera Infante de la narrativa cubana: “Yo pido que me citen una sola línea de esos artículos, un solo verso de Raúl, una sola oración, una metáfora un reclamo, una queja que no evidencia un profundo amor por su país”. Para Luis Antonio de Villena es “un maestro de la poesía más tradicional ...un lenguaje que busca ser artificio, y también hay, al mismo tiempo, este deseo de comunicar, de que la poesía hable de la realidad cotidiana, de lo que sucede, de una persona concreta, de un hombre, de una mujer, que tienen nombres propios”; porque “en la poesía de Rivero no hay una complacencia con el esteticismo, pero sí hay una búsqueda estética” con “una lengua coloquial, comprensible para muchos”. En cierto modo se le podría también definir como poesía social, si ésta es aquella que critica la realidad y busca un compromiso con ella en su búsqueda de la libertad, en permanente relación con su entorno social y político. Porque su conflicto interno, su marginación o exilio interior en su propio país es lo que domina su poesía, así como la tristeza y la melancolía por la ausencia de libertad. Para el poeta cubano Antón Arrufat “tiene una voz reconocible, un modo personal de hacer el poema, un tono de ironía o de sarcasmo sobre el sí mismo del poeta y sobre su entorno social, unido al ejercicio continuo del humor y a la captación de lo grotesco en lo real, que sumados constituyen su contribución creadora a la poesía de nuestro país”. Su segunda época está según Antonio Ponte “cercana a su humanidad indefensa y al registro rico y sencillo de sus palabras. A la pasión en el sentido amatorio y de sufrimiento”. Al decir de César López, pese al lastre de los compromisos excesivos, la poesía siempre habitó su obra. Y el propio Raúl Rivero opina: “fue la poesía mi primer cómplice en el complejo, y levemente suicida, proceso de encontrar la verdad –o por lo menos mi verdad– en esta Cuba inflamada y amenazada de fin de siglo” y es que “la poesía no es un pasaporte ni necesita permisos de la policía” porque “un poeta es un hombre que asume su destino sin que le tiemble la mano” escribe Raúl Rivero. Y Rivero ha asumido su destino de poeta en busca y en exigencia de libertad con una poética de la misma en su trayectoria personal y literaria que se puede resumir en estos versos suyos: “...alguien que es recibido con alegría en la primera noche con reserva en la segunda y es expulsado en la tercera”.