Amantes Glaseados
AMANTES GLASEADOS III Premio de Poesía Leonor de Córdoba Carmen Ciria
El balcón, los cristales,
Unos libros, la mesa.
¿Nada más? Sí,
Maravillas concretas.
Jorge Guillén
El gozo de hallarme solo o en medio del fragor de las calles o andando por los
campos y laderas;
la sensación de ser sano; la emoción del mediodía pleno; la canción que
entono al dejar el lecho y encontrar el sol.
Walt Whitman
AMANTES GLASEADOS.
A Simone Ortega y sus recetas.
Se eligen los recuerdos más delicados y los momentos
de epifanía, y se les raspa la piel
con el filo de un cuchillo.
Se les quita toda la nostalgia y las palpitaciones
que aún provoquen y se lavan bien.
Si son recuerdos pequeños, cotidianos,
se dejan enteros,
si son grandes, llenos de pasión y alma,
se cortan en dos a lo largo.
Se meten en un cazo con el agua fría, la mantequilla,
el azúcar y la sal.
Se recorta un papel grueso,
impregnado de ganas de librarse de ellos, de confianza
en el futuro, y se mete dentro de la cacerola
tocando casi los sentimientos.
Se cuecen a fuego vivo
hasta que se haya consumado el dolor.
Cuando llega este momento
los recuerdos están a punto para ser olvidados.
Se sirven en fuente honda, acompañando al corazón de la cocinera,
salteado y con pimienta.
RELOJ-DESPERTADOR
Amanece y es tu voluntad una lámina
ante los ojos rota.
La carne encuentra un manotazo
que la vence violento.
Eres la corza herida de los libros de versos
huyendo de la realidad, desorientada
en un territorio baldío.
Y de repente, en el reloj-despertador da gracias a la vida Joan Baez.
Y es el momento ave fénix, el instante en que tus dedos
se convierten en flores,
bebes el aliento del día,
y vuelas a la luz
para unirte a otros rostros ignorados
que acaso están luchando también contra la noche.
¿N.Y.?
Te deslizas por el pavimento, caminas
y piafan dentro de ti los caballos que te exigen,
aplastadas por una fuerza blanca
las arañas de los lentos días.
Los días lentos del campo de batalla ya tranquilo,
olvidada la sangre, florecidas las tumbas de amapolas.
Y no te parece la misma
esta ciudad
que a veces lanza sus nubes de sombra
y entinta los buques herrumbrosos de los muelles;
la ciudad que se hechiza, que se agiganta
y ya es Nueva York
cuando la noche abre su vientre
y se puebla de luciérnagas camino de la playa.
Ahora avanzas más fuerte.
Vives en un palafito, te izas
sobre lodos que no te alcanzan: cedes a la avalancha de la vida.
UN GATO EN LA COCINA
Se pasea elegante por la sala el gato Mustafá,
se estira, bosteza y luego observa el dibujo de un gran dragón de fuego:
- ¿Ves, Mustafá? Vive en una caverna fría
sin macetas que oler.
No sabe disfrutar de los castaños en otoño,
ni ve cómo se dora la chopera.
Ignora el folio blanco
que obsesiona a la escritura, y tal vez
ni presiente a ese dragón más enorme
que acabará devorándolo.
Y Mustafá abre listísimo los ojos mientras escucha tus historias.
Luego, en la cocina, te acompaña,
roza su lomo contra tu pierna amorosamente.
Y se filtra la penumbra, empiezas los preparativos para la cena
y te sorprendes, de pronto, divertida.
Te iluminan los recuerdos:
tu madre, hace tiempo, también cantando.
Meteoritos azules que cruzan la memoria.
SE ESTÁN LLENANDO LOS CAFÉS
Entre las olas
pule las pieles el crepúsculo y juegan los perros
porque adoran los cuerpos rumorosos de sus amas.
Se abren los senderos del océano
a bajeles de misterio.
Es el momento suntuoso del crepúsculo
cuando en las ciudades un adolescente
guerrero se alza sobre su moto,
cuando con más ímpetu aúllan
las avenidas y borbotean las fuentes,
cuando se llenan los cafés,
la gente bebe, humean cigarrillos,
y han teñido de lila los paseos
las exquisitas jacarandas porque un viento capturó
el alma de sus flores.
El tiempo es de los amantes
que abandonan las camas arrugadas.
ARDE LA NIEVE
Sombras. Sombras incendiarias. Arde
la nieve
y giran los ojos de los muertos.
Déjate vivir, lánzate,
despéñate, olvida: ya no hay luna.
Los habitantes de las venas exigen con apremio
y nuevos salmones remontan la corriente
de tus ríos desolados.
Acéptalo y canta luego una oda a la alegría
como todos los poetas
el día que desgarran su mortaja.
Queda cerrar los ojos y vivir.
DESGARRO DE UÑAS
Solo,
se lame un animal herido
mientras delira:
su vida de metal despierta dulce
en la tierra del naranjo.
Así, amigos, mi delirio,
mi desgarro de uñas:
Una raíz humana en busca de agua.
ECLIPSE DE PELÍCULA
Te marchaste en hora imprecisa, desierta
de dedos, labios, súplicas.
Tu sombra se agrandaba en las esquinas
y a tu paso enmudecían las farolas,
mas nadie percibió
el disparo en tu pecho.
Habías apagado, muy educada,
las lámparas furiosas
y atrancado con doble cerrojo su perfidia,
sin portazo.
Sólo faltaba un eclipse de película que acelerara el desenlace.
Y no regresarás
como no vuelven los halcones orgullosos al brazo de su dueño.
SAL
Se deslizan perezosas las estrellas en la noche;
danzan acordes su música
de esferas sostenidas en su bóveda.
Un vagabundo canta ebrio en la arboleda.
Y yo acecho el invierno de tus ojos, veo la sal
con que enciendes tus heridas,
giro,
y no me encuentro
en los espejos.
CONSULTORIO GRAFOLÓGICO
En primer lugar,
debemos saber de antemano si la persona observada
ha escrito el texto de su vida
utilizando
una hoja de pautas,
obedeciendo
acomodaticios consejos y sin transgredir
las leyes razonables,
o por el contrario
escribe su vida con renglones salvajes,
aventureros y azarosos.
Resuelto este aspecto,
si vemos que sus líneas son horizontales, casi rígidas,
sabremos que es inflexible,
obstinada e intransigente, sin piedad.
Si su escritura
toma dirección en descenso,
resultará de ánimo cansado, depresivo y perezoso.
Tampoco hay que confiar
en páginas ascendentes y alocadas.
Y yo voy a retener mi corazón:
no me obedece aunque le advierto
de esos trazos envolventes y una cierta crispación
en tus vocales
que me anuncian
turbulencias sofocadas, crudos demonios:
metamorfosis.
CANIBALISMO
Hay dedos lúcidos que comprenden en la noche
y aceptan los naufragios de los pájaros.
¿No nos sirven las palabras?
Y es que no quiero ser caníbal de tu cuerpo,
codicio devorar tu insomnio.
AQUEL CABALLITO
Quiero que me hables de tu infancia.
Cuéntame del caballito o de la espada flamígera
que llevabas al galope y de cuando te caíste
y no encontraste a nadie para amarte.
Recuérdame tus sueños;
acude a mí cuando llorabas si no te comprendían.
Quiero saberlo todo.
Déjame bucear en tus juguetes, en tus primeras huellas,
en tu paisaje de evocaciones y de músicas.
Déjame curar, a tus dos años, las heridas venideras
con que la vida
te había de mostrar su señorío.
Déjame consolarte en tus suspensos y besar
la quemadura de tus primeras rosas.
Háblame
desde el silencio de ceniza
donde se dibujarían tus amantes,
tus adioses futuros, tus caprichos del porvenir.
Y es que quiero acompañarte en el camino desde siempre,
desde la estrella en que esperaste mis señales,
desde el vivo pulso en ti que presagiaba
el descalabro de la sombra,
el alba presentida.
BREVE MILAGRO
Tenderse en el alféizar con los gatos,
ver atardecer y recobrar
el todo, la flecha del tiempo interminable,
las amapolas azules de mi infancia al borde de los trigos.
Crepúsculos que invitan a vivir.
DE TIZA O DE ARCO IRIS
Irrumpe en esta tarde de otoño Paganini
y triza
su stradivarius
la anemia malva de salinas que desmayan
el horizonte.
Hora es de ponerse el yelmo, calzarse la armadura
y encubrir tu corazón de nata o tiza o de arco iris
tras máscara de roca.
Es el aire una pulpa que ruge,
un ansia roja que abraza de súbito la vida.
Álzate y avanza hacia la selva con los lobos.
Ve a guaridas, observa fórmulas, pasea.
Date prisa después, restaña
tus heridas, maquilla cicatrices, vuelve
a tu casa.
LA PUNTA DEL TACÓN.
I
Y me hablaba del tiempo en que se encontró
tan hundida como un somier de muelles flojos,
tan desconcertada
como un corte repentino de luz,
tan triste como un anciano viendo la TV,
tan vacía como el comensal solitario.
Y me clavó sus palabras
como en las películas
las mujeres malas clavan la punta del tacón.
II
Y luego me contó que en la hora de los pájaros,
se advertía cristalizada,
en una trampa,
como un taxi en un atasco,
y hasta había perseguido una respuesta
preguntándole al Tarot.
Mas en la cuarta copa
abrió las puertas, rompió el cilicio
y voceó que era el momento
de pedir a los fantasmas que apagaran su alboroto;
era tiempo de explicarles que ya estaban amarillos
y que se iban a perder
en su recuerdo
como se hunden en la niebla los antiguos transatlánticos.
III
Y en otra confidencia me explicó
que ya no quería
vivir mirando atrás,
matar el aguijoneo de las abejas en su pulso
y seguir examinando las etiquetas de los trajes
para plancharlos con cuidado;
que se negaba a admirar todos los dioses
cuyas estatuas ensucian las palomas
y que abandonaba la terminal del aeropuerto:
“Voy a volar”.
TAM-TAM
Era antaño y una sombra impaciente
espera en la ventana
la epístola perdida
en un vuelo de brumas y abandono.
Éramos visigodos y romanos
y árabes y podíamos con impunidad
matar al emisario.
Luego ocupó los cielos el teléfono
para fundir las voces
de sombra deshiladas.
A veces una espera
iba encarnando su desasosiego
en las cabinas mudas
que enloquecidas recorrían la ciudad.
Y hoy mi angustia
ha conmovido la rueda del tiempo:
estaba desconectado tu móvil.
LIBROS
La arena dorada del reloj de la tarde resbala
lentamente
mientras lees tus historias:
aventuras, amores, biografías,
literatura al cabo,
sinónimo de falsedad, decía Borges.
A veces escudriñas el vacío,
miras el techo
con la inmovilidad de quien espera un pájaro,
especulas con el detenimiento del eremita.
Y abres la ventana y casi presientes
la primera brisa del otoño
el deseo de las primeras mantas.
Saboreas los segundos -dátiles o hiel-, qué importa,
con el deleite de quien logró al fin un imposible:
el prodigio de la rosa
blanca y roja,
la alquimia reinventada en agua y fuego:
La vida tira de tus hilos, y obedeces.
AVISPAS
Cuando pueda el volcán transformarse en helada laguna
y las heridas ya no ansíen ningún bálsamo.
Cuando quiebren su destino los ríos y vuelvan a su origen
en cada puente remontado.
Cuando mis ojos no sean gaviotas picoteando un corazón,
espoletas impacientes, avispas.
Quizás entonces.
SED
Dame piedras para demoler empalizadas,
déjame el hacha para las telas invisibles.
Proporcióname un bálsamo
que me haga invulnerable al desaliento
y un alto voltaje de jazz
que muerda las horas abúlicas.
Y sobre todo dame agua.
El sendero está libre. Sutil, la impedimenta.
NO OS OFREZCO REGALOS a Lucas y Andrés No te salves. Mario Benedetti Los brazos del tiempo acunan mi mirada y os contemplo. No os ofrezco regalos, sólo mi amor que abre su atlas y os invita a reinventar el mundo, a no salvaros, a no quedar al margen del compromiso o la audacia solidaria. Os digo que los sueños no son sombras, tienen carne y músculos y corazón; id a por ellos. Bebed la vida, criaturas, cantad en solitario y en celebración coral. Sabéis muy bien que ha de volver la rosa al barro, más no os detenga el aliento de lo efímero: atravesad las puertas recios, justos, amorosos, valientes.
PAÍS EN CIFRAS …¿el mendigo que rondaba mi jardín al caer la tarde? J.R.Jiménez No puedes calcular su superficie: cincuenta mil kilómetros cuadrados no sabes si es lo justo: ¿cómo apreciar cuando se oculta y veda su esplendente territorio? Incierta es también la población: ¿habita sólo él? ¿Quién es entonces el mendigo que rondaba mi jardín, al caer la tarde? Ignoras si posee un gobierno democrático: hay grupos insurgentes que le acusan de frenar el instinto en demasía. Se desmelena la Semántica en la cárcel: su idioma es un código difícil que necesita el auxilio del beso. Y sólo hay una fuente de riqueza: palomas de maíz, chocolatinas en el cine las tardes de domingo.
QUÉ CALMA
Nuestra mente es porosa para el olvido
Borges
Qué dulce te resulta el silencio de un perfume,
extraviar algunas cartas,
perder rostros
como hacen los marinos cuando llegan a otro puerto,
olvidar proyectos
con la desmemoria del tirano que desconoce sus promesas,
con la amnesia azul del tiburón que no reclama
la ternura del vientre de su madre.
Qué sosiego poder desatender recuerdos, canciones, un paisaje
como desdibuja la vida los cadáveres comidos por las moscas,
y extravía la memoria el hombre de la pipa
fumando en su mecedora
inaccesible en su vacío.
Qué calma desdeñar
la mentira que nos dejó sin pulso,
la traición que nos mutiló.
Y hacer tabla rasa
y avanzar
porque es nuestra mente porosa al olvido.
UN MÁSTIL OLVIDADO Unos cuerpos son como flores... Luis Cernuda En la arena, rechazado por el mar, un mástil se deshace como el cuerpo de un ahogado y los ahogados más hermosos adornan islas olvidadas y una isla olvidada se revela quebradiza como tu corazón. Es un paseo por playa sin gaviotas pues las gaviotas huyen ante los naufragios y los naufragios de las películas pueblan la costa de objetos de rapiña, la misma rapiña que saquea cuerpos como flores, y los desbarata como a mástiles olvidados.
INÚTILES MARIPOSAS Tiembla una hormiguita de ámbar ante el caballo del tiempo: ¿se esconde? Mariposas azules, en su auxilio. Y queda un territorio de ojeras y silencio.
ANUNCIACIÓN Cruzas la estancia una y otra vez, espectro loco en el apartamento. Oh, María, no temas porque has hallado gracia ante los ojos de Dios. La taza de café concentra el rayo del sol último que no proclama, que no anuncia, y sin embargo evoca la luz de Fray Angélico. Progresa la tarde y se afirma la ausencia, crece el viento y la sed. Tu gato se adormece, pétalos azules como párpados cierran sus ojos. Y súbita, contradictoria y espoleante, la anunciación: cuánta vida en el rayo del poniente.
DEL ANSIA DE SER MIRLO Dicen que en delicia supera a la voz humana. Canta siempre en los poemas clásicos. De la noche el laberinto ignora inconsciente. Y tiene además otras ventajas: come poco -frutos, insectos, semillas-y se domestica con facilidad.
ENVIADO POR LOS NAIPES Helo aquí que llega saltando por los montes triscando por los collados. Cantar de los Cantares Helo aquí que llega saltando sobre el abismo, restaurando brechas, impulsando de nuevo la rueda de la vida. Ha destruido la espada o vigilia que te impedía el sosiego; el rumbo de la nave de los locos en que viajabas encauzó. Y se acerca enviado por los naipes bajo el destino del azar, liberando vientos, nombres, mariposas del círculo que los anonadaba. Adormilados como hojas en otoño tus ojos despertó y con su paso ha cerrado las puertas al invierno.
MÉDICO DE CABECERA La luz mercurial de los escaparates da brillo a los huesos de la noche. Barniza la luna el herrumbre o sudor de la ciudad. Y un adolescente travieso en la terraza toma un gin-tonic en un veraneo incesante sin médico de cabecera.
DISIDENCIAS Arma virumque cano Virgilio ...ni mayor pesadumbre que la vida consciente. R.Darío No canto a las armas ni a los héroes, canto a las multitudes vencidas, desdeñadas. Sonrío con los niños y los gatos, los novios que se besan en los coches, con las músicas libres. Respeto a las mujeres golpeadas en su carne y en su fe. Celebro toda vida, el vuelo de las aves, los ojos de mi perro perdidos en la sombra, la espuma juguetona de mi mar. Y valoro las espaldas encorvadas no sólo por el tiempo y abrazo la tristeza de la vida consciente, su dolor y su insomnio.
LLUEVE Esta tarde llueve como nunca. César Vallejo Tienes la vida hilvanada: ten cuidado. La hebra en las costuras es endeble. Y nada que decir, acaso que llueve esta tarde como nunca. BILLIE HOLIDAY Cansado de mi nombre J.R.Jiménez Billie Holiday raspa tus venas con su voz de cerveza y el gato Mustafá se despabila, ásperamente marginado del paraíso de dulces huríes con que soñaba. Estamos solos, cansados también de nuestros nombres, sospechando en la calle un viento caníbal que adelgaza los tobillos de los perros y viste de guantes las manos escolares. Y de súbito la habitación evoca el olor de la primavera y pleno de pétalos de luz florece el ordenador y entran alocados en la estancia cuerpos de ámbar y parques recién besados y crece en la ventana, esperando su turno, el vigor de unas alas que acercan las olas del próximo estío. Qué epifanía de sol, jacarandas, océanos mientras Billie Holiday raspa tus venas con su voz de cerveza.
EN EL ASCENSOR Clara y dulce es mi alma y claro y dulce es todo cuanto no es mi alma. Walt Witman Acabarás la jornada y regresarás. Vas a caminar entre gentes observando el rostro como isla atribulada a quien abandonó la música, el dolor adulto de ojos sobrevividos en la ciénaga llena de lagartos, la artrosis en las piernas de la anciana, al emigrante negro -un leopardo herido-, y acaso, en la acera, la sonrisa escondida de algún adolescente. Tu mente será entonces una pizarra vacía de números y letras, te pesarán, como abruma la existencia, los cuadernos y los libros, y quizás te sientas solidaria con esa masa sobre la que flamea una invisible corona de espinas. Y luego llegarás y en el ascensor piensas, de repente, en tonterías: el tacto dulce de una lana blanca, la llama azulada del gas para la sopa, y sonríes de pronto, porque estás abriendo la puerta y todas las ventanas, a la aurora.
QUEMAR LA NOCHE Con cuánta dedicación el inconsciente teje el jersey de sueños y dudas, de miedos que crecen como la raíz progresa bajo el agua, y se ocultan como el ánima que se adentra en las algas y en las piedras, y se agigantan, espíritus sorbiendo la paz. Vas a la batalla, te desnudas y sobrevives a la noche del alma y del cuerpo que se ilumina espléndida en su magnitud de cíclope. Ahora has inventado el fuego de las pequeñas cosas -tu gato que ronronea, el delicado bonsái que resistió a la plaga, tus amigos, tu música, tu trabajo, tus hijos, las manos que amas-para quemar los velos, el tiempo-tierra baldía, la ventisca en la jornada; ahora tienes el fuego, tu alimento, el que abrasará los adioses y las máscaras. E incendiarás la nada para plantar un árbol de la vida, y escribirás los nombres de los seres que te ayudaron a acabar con las sombras, a rechazar el fantasma que espiaba a la vejez y de quien brotaba un agua no fecunda, una niebla que había espesado crudamente para convertirse en noche.
...